Soplaba las gotas
Hay momentos que te hacen sentir que todo está en orden, sea cierto o no.
Algunas personas tienen ese momento con un cigarrillo, otras cuando suben a su coche después de un día de trabajo, justo antes de darle al contacto. Otras lo tienen mirando los ojos de alguien que, con el tiempo, les deja de producir esa sensación de paz. Hay muchos momentos así, quizá uno por persona, o un poco menos, pero el caso es que hay para elegir.
El suyo ocurría en la ducha.
Cuando ya se había quitado todo el jabón, se apoyaba en la pared y dejaba que el agua corriese por su nuca. Soplaba las gotas que caían por su nariz, giraba el cuello, despacio, y dejaba que el agua le acariciase.
Todo en orden.
Todo en su sitio.
Sin padres que mueren, sin crecer deprisa, sin decepciones, sin perder lo que más quieres, sin amigos que fallan, sin mujeres que mienten, sin distancias con todo, sin personas que miran y son incapaces de verte, sin ese zumbido de mediocridad rasgándote por dentro, sin pena, sin ira.
Sin mundo; tan sólo la sensación del agua corriendo por la espalda y tu propia respiración.
Momentos en los que quedarse a vivir.
Si algo tienen los momentos es que, sin que se pueda evitar, terminan convertidos en recuerdos. La gracia del asunto, para él, estaba en cuánto podías capturar antes de que se marchasen, antes de que cambiasen de estado. Cuanto mayor sea tu grado de atención, decía, cuanto más pongas los cinco sentidos en vivir lo que vives, sea bueno o malo, más nítido será el recuerdo.
Existirás, te morirás, y sólo quedarán tus historias. Es una cuestión de intensidad.
Lo demás, como casi todo en este circo, es mentira.
Comments
Posted by: Gaia | 19 de diciembre de 2006
Posted by: Tony | 11 de diciembre de 2006
Posted by: d | 11 de diciembre de 2006