Esperando
Ella está en el supermercado, así que yo paseo a la perra.
Los niños se paran y le acarician la cabeza.
Sonrío y no digo nada, salvo algún sí ocasional cuando me dicen que es como el perro de Scottex. Estoy seguro de que corriendo por su pasillo con un rollo de papel higiénico entre los dientes no les parecería tan adorable, pero eso no se lo cuento.
Ahora soy un tío majo.
Por la noche me quedo mirándola hasta que se duerme. Si apago la luz antes, empieza a corretear y a golpearlo todo a oscuras, así que me quedo sentado en la cama y espero.
Mi novia se queda dormida, pero la perra continúa mirándome, así que sigo allí, sentado, esperando. De vez en cuando le acaricio el lomo y le rasco detrás de las orejas.
Buena chica.
Pienso en todas las cosas que he pasado para llegar a este momento. En lo que significa estar aquí, con una mujer que vale la pena durmiendo a mi espalda, con una perra a mis pies y con mil cosas que me motivan entre las manos. También pienso un poco en qué viene después y sonrío, porque al fin se ha quedado dormida, y porque nadie, salvo yo, sabe en qué estoy pensando.
Me meto en la cama y, al hacerlo, despierto a mi novia.
Me pregunta si ha funcionado y le digo que sí.
La perra está dormida.
Me dice que tengo una manera rara de hacer las cosas y me besa.
Después, haciendo el amor, despertamos a la perra.
Es divertido volver a empezar.
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Posted by: Gaia | 24 de febrero de 2008
Posted by: perezreverte | 10 de febrero de 2008