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5 de febrero de 2003

Una risa, oiga

La clase política me tiene de lo más desconcertado.
Por una parte tenemos a un señor declarando que si se descubre alguna implicación del gobierno en el asunto del petrolero desparramado en nuestras costas lo encubrirá, como buen Español.
Así, con dos cojones, como antes.
Luego uno se entera de que aquel señor ya estaba cuando el cabroncete aquel del «Españoles» y los tiros por la espalda a los poetas y los fusilamientos en las tapias de los cementerios. Ahí es cuando te entran las ganas de quitarle lo de señor, no sea que le venga grande y pesado, al ancianito.
Por otra parte el PP en Europa diciendo que eso de no apuntarse a la guerra -con lo que mola eso de tirar bombas, oye- es una cosa de falsos pacifistas y tal.
Permitiéndose recordar a los ingleses que eso de no votar, al final, a favor del «hola me llamo Estados Unidos y hago lo que quiero con mi dinero ( y el tuyo ) » está muy feo.
A fin de cuentas somos uña y carne con EE.UU.
Hasta tal punto, fíjense, que el amigo Bush sólo tiene que girarse para poder hablar con Aznar.
Dándole tiempo a sacar la lengua del culo, por supuesto.
Dentro de nada y tal y como está el patio, ser pacifista será un insulto.
Es decir, se puede ser pacifista, pero de boquilla.
Nada de pacifistas de esos que tienen voto con peso y pueden impedir una guerra que, en realidad, es más una vendetta personal del que tira de los hilos de la marioneta esa que tienen en la Casa Blanca que otra cosa.
Porque se le ve en los ojitos a Bush que, aparte de conducir borracho, no ha hecho nada emocionante.
Y eso de escribir tu nombre en la historia ( bueno, en eso que ellos llaman historia ) tiene su gracia.
Sobre todo si la escribes con la sangre de otros.
Una risa oiga.
Por otra parte me ha tranquilizado saber que la Iglesia Católica, esa Santa Institución con la que no me meteré por no pelarme los nudillos con el teclado, no considera pecado ver Harry Potter ni El Señor De Los Anillos, ni nada de eso.
Siempre y cuando los pequeños entiendan y puedan diferenciar con claridad el Bien y el Mal.
Y digo yo que, si la idea es esa, habría que apartar a los niños de los televisores a la hora del telediario , no sea que por una de aquellas empiecen a hacer preguntas tontas del tipo:
» Oye papá, pero esa tierra que están reclamando a tiro limpio los de los tanques, ¿ es de ellos o de los tipos de los petarditos atados al pecho ? »
O mejor aún:
» Oye mamá, el señor ese que dice que nada de negociar durante meses, que las hostias vienen y pronto, ya sabes; ese con cara de tener ganas de apretar algún botoncito -preferiblemente rojo-¿ no es hijo del otro señor aquel que mandó y que no terminó de ajustarse las cuentas con el tipo ese que se supone que ahora es el malo, habiéndole quitado primero el puesto a ese otro que iba por ahí tirando torres y del que ya nadie habla? »
O la pera limonera:
«Oye abuelito, ¿ qué le ha pasado al primo valenciano de Pinocho ? Es que ya nunca hablan de él. Sí, el viejecito aquel que se recuperó milagrosamente levantándose de la silla de ruedas nada más pisar su ciudad.
Pinochín o Pinochet o algo así. »
Casi puedo verlo.
De todas formas, aquí no pasa nada.
Un partitido de fútbol, unos CD’s de las popstars, unas horitas extras para poderse comprar otro coche más molón ( y de paso calentar el hueco que llenaría un parado ) y nada; aquí paz, una guerrita preventiva y después, gloria.
Eso sí, con el permiso de la clase política y el clero.
Dios los tenga presentes.
Algún día no muy lejano, a ser posible.
Music: Chanson – Bobby Mcferrin

4 de febrero de 2003

Uno de esos días

Ha sido inevitable.
No sé si serán los años, las convicciones o vaya usted a saber qué.
El caso es que andaba yo distraido por la sección de libros de alguna mediana superficie que tiene eso, libros, y poco más.
Estaba echando un vistazo a las novedades que pudieran haber aparecido por ahí desde la última vez; igual había sorpresa y todo.
Y bueno sí, la hubo.
En la sección de música me encontré un nuevo libro sobre la Historia del Jazz.
Me pareció interesante que se escribiera otro más, ya que no hay demasiados y no todos los que hay son todo lo buenos que uno esperaría que fueran.
Así que, animoso y vital como una zarigüella en celo, me dispuse a pegarle un vistazo más de cerca.
Entonces algo entró en mi periferia de visión, sacudiendo mis sentidos como se sacude a una lombriz… para ver si está muerta.
Cojonudo oiga.
Me parece cojonudo.
¿Qué hay que poner al lado de un libro que trata sobre cómo, partiendo de la fusión de las poliritmias africanas con la música occidental y del choque de culturas, con
esclavitud y todo de por medio, surge úna música sin la cual el resto de músicas, y cuando digo resto me refiero al rock, pop, a ese hip hop tan molón, subidubí subidubá, etc, etc, llevarían bajo tierra años?
Al lado de un libro que nos habla de la única música que, a nivel práctico, ha conservado todos sus estadios anteriores en forma de estilos.
La música de la que todos van a chupar cuando se les acaban las ideas.
La música de la que los buenos vienen o hacia la que los buenos van.
La música que, me lo van a permitir, me la pone como una piedra.
¿ Qué ponemos ahí al lado ?
Fácil.
Un precioso y colorido libro de Operación Triunfo.
Con dos cojones y un palito, plas, plas.
Y no es que yo tenga nada contra O.T, que va, para nada.
Me la sudan el hatajo de llorones y estrellitas prefabricadas que deambulan por nuestras tiendas de CD’s y por nuestras ondas matando la poquita cultura musical que nos quedaba ( y tampoco es que sea mucha, ojo ).
A fin de cuentas no podemos culpar a la gente de querer hacer dinero rápido y si te he visto no me acuerdo, aun a costa de la salud de sus artistas, total, siempre
habrá repuestos; sacados de una generación educada para querer, por encima de todo, ser famosos y ricos ( y la paz en el mundo, claro ).
Pero en cambio sí que le debo mucho al Jazz, yo y todos esos que dicen que no lo soportan pero luego se cagan de gusto escuchando a Pancho Céspedes cantando con esas armonías «tan poco» jazzísticas, y ese baterista tocando con escobillas, y ese contrabajo dándole el punto, tócame ahí un sol sostenido, José.
Esos que lo flipan con ese acorde aumentado en una canción de Alejandro Sanz, monstruo, machote, innovador.
Esos que son tan ignorantes como para darte las gracias si les das agua en un vasito de plástico reciclado pero que, por otra parte, te tachan de colgado cuando les ofreces beber de la fuente.
Panda de mamones.
Y hoy se ve que tenía yo la vena reaccionaria, qué le vamos a hacer.
Así que como les he dicho al principio, no lo he podido evitar.
He cogido el librito de la Historia del Jazz y lo he puesto encima del infame montón de sacadineros chupasesos de Operación Trinco.
Así no consigues nada, dirán algunos.
Aparte de quedarme como Dios después de que Franco se muriera, claro.
Realmente, amigos y amigas, hay un motivo oculto, una conspiración judeomasónica, un tapiz metafísico secreto oculto detras de ese gesto:
Es un favor.
Porque cuando nuestra joven adolescente, que sólo se preocupa de que no le piten los ganchitos del pelo cuando va a recoger a papi al aeropuerto y de estar bien guapa para poder aspirar a dependienta de Zara algún día, tenga que apartar el libro para poder acceder a ese maravilloso y completo mundo de los secretos más íntimos de las fosas nasales de Bisbal, los lacrimales de Bustamante, la dieta forzada de Rosa y, por supuesto, fotos de Manu Tenorio que besuquear entre las clases y los refrotes con Paco el de la moto, tocará el libro.
Y ese momento le situará más cerca de la Cultura que toda la colección de estupideces sobre la tontería de moda con las que, ojalá, la entierren.
Music: A love supreme – John Coltrane.

Era inevitable, señor Jazz

Bueno.
Supongo que tarde o temprano tenía que ocurrir.
Mi propio weblog.
Que os sea leve.
😛
Music: Bring on the night – Sting.