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23 de febrero de 2007

Canciones de amor [Ateneaglam Marz-Abr]

¿Nunca te has preguntado a quién demonios le cantan todas esas canciones de amor?
Es decir, ¿de verdad esos multimillonarios cascatímpanos sienten las cosas que escriben en sus letras?
Nuestro departamento de documentación, tras un riguroso estudio efectuado en un ambiente de lo más profesional, donde no ha faltado alcohol, tabaco y otras drogas no tan legalizadas, ha llegado a la conclusión de que sí; sienten todo eso, pero no por una persona, sino por una cosa concreta.
El dinero.
Sí, sí, lo sé, puede resultar chocante así de primeras, pero, una vez conocido este dato, hagamos repaso del tipo de frases que solemos encontrar en esas canciones y veremos cómo todo va cobrando sentido: «Eres todo para mí», «Haría cualquier cosa por tenerte», «te quiero más que a nada en este mundo», y un largo etcétera, incluyendo auténticas declaraciones de principios, como la famosísima «Everything I do, I do it for you», que es algo como «Todo lo que hago lo hago por ti.»
Más claro, agua.
Sin abandonar esta línea radical de amor al poderío económico, tenemos a Bon Jovi cantando algo que, traducido, viene a ser: «si me pides que llore por ti lo haré, si me pides que muera por ti lo haré.»
Eso explica muchas de las cosas que vemos hacer a los artistas, ¿Verdad?
Sin embargo, otros intérpretes van más lejos y profundizan en las inquietudes que el amor por el bienestar material puede producir en sus almas sensibles. Por ejemplo, una conocida canción romántica dice así:
«No puedo estar sin ti, si tú no estás aquí me quema el aire»
Cualquiera puede darse cuenta de que esta frase, en realidad, hace alusión a lo difícil que resulta mantener el aire acondicionado de una modesta mansión en primera línea de playa en Miami si no se tiene dinero para pagar el recibo de la luz.
Es de cajón, vamos. Hasta un concursante de Gran Hermano podría darse cuenta.
Bueno, vale, quizá no, pero ya me entiendes.
Luego sigue en la misma línea de inquietudes existenciales con un verso que reza así:
«Derramaré mis sueños si algún día no te tengo, lo más grande se hará lo más pequeño»
Está bastante claro; si no hay dinero el mega chalet se nos queda en un modesto pisito de sesenta metros cuadrados, echando por tierra nuestra paz interior, euro a euro, y eso, cuando uno es un poeta de ese calibre, angustia. De la leche, vamos.
Otros sin embargo, lejos de los versos donde se proyecta el miedo a la pérdida de poder adquisitivo, se regodean en éste y nos cantan alegres frases como:
«Eres todo para mí, los años han sido días contigo»
Bien. Todos los que tenemos trabajos de verdad hemos sospechado que el tiempo, cuando uno está forrado, debe de pasar rapidísimo.
La frase anterior, por si quedaba alguna duda, lo confirma.
Otros, que son tenidos por los más románticos, incluso entre compañeros de profesión, o lo que sea eso, hablan abiertamente de su apego al dinero, ya que jamás imaginaron que alguien descubriría -y diría a todo el mundo- a qué están cantándole en realidad.
Así pues encontramos, en su obra, joyas como esta:
«y a pesar de que parezca hasta mentira, puede que la vida siga pero, si tú no estás, ¿pa qué?»
Se puede decir más alto, pero no más claro; la vida, sin cantidades indecentes de dinero para derrochar, no tiene sentido para estos genuinos románticos Pro SGAE.
Nos parece interesante que la línea de pensamiento propuesta en este pequeño texto, que no puede extenderse por cuestión de espacio, sea continuada por ti, ya que, durante años, has sido engañado desde las ondas por estos himnos al capital disfrazados de amor romántico. Así que ya sabes; si repasando tus canciones de amor favoritas encuentras frases que, con este nuevo enfoque, revelan su auténtico sentido, háznoslo saber.

22 de diciembre de 2006

Recomiéndame un buen libro

Tú que escribes en una revista, me dice, recomiéndame un buen libro para regalar.
Para estos casos, lo confieso, soy de piñón fijo.
Tengo unas cuantas obras que considero que todo el mundo medianamente interesado en la lectura debería tener, así que le canto la lista al colega, como hago con cualquiera que me pregunte sobre el tema.
En primer lugar, le digo, La ciudad de los cazadores tímidos, de Tom Spanbauer.
¿Por qué?
Porque es uno de los libros más humanos que vas a encontrar, porque habla de cómo nos enfrentamos a lo que más miedo nos da, porque hay amor por encima del que conocemos, porque se mezcla lo grande con lo pequeño, lo cotidiano con lo mítico, porque está escrito con una honestidad que le da un poder auténtico, porque los personajes respiran y se quedan contigo para siempre, porque me hizo reír y llorar mucho -pero mucho, mucho- y porque, en la reseña, decían que después de leer este libro era difícil encontrar algo que estuviese a la altura.
Y tenían razón.
En segundo lugar, París era una fiesta, de Ernest Hemingway.
No es sólo la economía de lenguaje, no es sólo que todos los que nos tomamos en serio esto de escribir lo llamemos «Papá» de vez en cuando, no son sólo esas frases perfectas, redondas, en las que dibuja con cuatro trazos cosas para las que cualquier otro necesitaría diez. Es porque, en este libro, no sólo lo verás escribiendo como Dios, sino que encontrarás el retrato de toda una generación que dio mucho que hablar en la narrativa norteamericana; Hem, Joyce, Fitgerzald, Elliot, etc. La famosa Generación Perdida. Si ellos no se hubiesen perdido, nosotros no los habríamos encontrado. Muy recomendable, le digo. Además es, junto con Raymond Carver, un maestro de los Icebergs. Ves una novena parte de la historia, mientras que las otras ocho permanecen bajo el agua. Pero son esas partes ocultas las que hacen que la historia se deslice con suavidad.
Si quieres empezar con algo más corto, le digo, hazte con el viejo y el mar, que es uno de mis relatos favoritos. Ganó un Pulitzer, si no recuerdo mal. Cuenta, usando el devenir de un viejo pescador, la grandeza que se esconde tras cada derrota. Un padre de genios, sin duda.
El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce
Uno de mis pocos ídolos. Este libro, le cuento, estuvo en la cabecera de mi cama durante mucho tiempo. Es, como el título indica, un diccionario. Un diccionario escrito por uno de los tipos más ácidos, irónicos y sarcásticos que vas a encontrar en toda la historia de la literatura. El autor es fascinante, por su vida y su obra. Con cinco años vio como su padre se ahorcaba. Siendo pequeño le cortó un pie a uno de sus ocho hermanos jugando con un hacha, la madre les abandonó, uno de sus hermanos se hizo forzudo de circo, una de sus hermanas se fue a las misiones de África y se la comieron.
Sí, colega, ñam, ñam, hasta luego.
Con diecisiete años tuvo un lío amoroso con una mujer de setenta, por el cual tuvo que abandonar la ciudad. Cuando tenía setenta y un años se marchó a México para unirse a las tropas de Pancho Villa y jamás volvió a saberse de él.
Hizo mucho periodismo, a veces bajo pseudónimo, satírico y con muy mala baba. Era una pluma realmente temible. Hay pocos así y son, como mínimo, interesantes.
Mi colega me mira.
Me dice que él quiere algo más en plan Paolo Coelho. O Dan Brown.
Me quedo callado mirándolo.
Mi Talibán Navideño interior asoma. Pienso en recomendarle alguna de las bombas destrozamentes de Burroughs, o una buena ráfaga de prosa rítmica y salvaje. Kerouac, por ejemplo. Por joder un poco.
Al final le digo que quizá no estoy capacitado para recomendarle libros a nadie.
Y ahí queda la cosa.
Coelho y Brown.
Menuda Navidad.

4 de diciembre de 2006

[Artículo Ateneaglam Diciembre 06]

Se supone que, con tanto informe televisivo y con tanta noticia sobre el tema estas cosas no deberían de pasar y, sin embargo, siguen pasando.
Davide es mi amigo. Pasó un tiempo yendo de habitación en habitación, unas veces alquilado, otras veces acogido con una hospitalidad que, como casi todo, solía ser pasajera. Buscaba un sitio donde instalarse y, por lo que me contaba, no era nada sencillo.
Es italiano, buena persona y un trabajador serio.
Si se topasen con esa escena en la que uno está trabajando y los otros tres están mirando, él sería el que trabaja.
En sus pocos ratos libres buscaba piso. No encontraba nada y acudió a una inmobiliaria.
Habló con ellos para que le consiguiesen un pisito donde poder dar con sus huesos. Porque es uno de esos tipos nerviosos que no engordan ni a la de tres, y tanto ir de aquí para allá, colchón arriba, colchón abajo, le había consumido un poco la silueta, así que lo de dar con sus huesos, en este caso, no era sólo una expresión. Las modelos deberían de plantearse lo de buscar piso como sustituto de las dietas a base de manzana. Despierta menos sospechas y es igual de efectivo. Doy fe de ello.
Como es un tipo legal supuso que los de la inmobiliaria también lo serían, así que no dudó en firmar el contrato donde se comprometían, durante tres meses, a buscarle un piso de las condiciones y precio que él quería. A cambio de cuatrocientos euros, por los servicios prestados.
Esta misma semana lo tienes. Sin problema. Tenemos muchos pisos para ti.
Muchos.
Claro.
Siguió buscando piso como un loco. Empezó a preocuparse por su situación, así que les llamó. Prometían llamarle al día siguiente, pero siempre terminaba llamando él, y el resultado era el mismo.
Tres semanas después las cosas empezaron a ponerse feas. Había sacrificado una cantidad de dinero que no le venía bien gastar. A cambio de techo. Ahora mismo estaba sin las dos cosas, y cualquiera que haya estado en esa situación sabe que uno necesita dinero para ir sorteando lo que va saliendo al paso, pero sus fondos para este tipo de emergencia lo tenían los del “esta misma semana lo tienes.”
Para gestiones, claro.
De vez en cuando le proporcionaban teléfonos de pisos en alquiler. Teléfonos a los que siempre contestaba alguien, de mala gana, diciendo que ya estaba alquilado. Llegó a ver un piso. Una ratonera que, a día de hoy, sigue libre. Cuando fue a verla había tres personas como él y dos más subían mientras él bajaba, sin creerse lo que acababa de ver.
No habrá problema, le habían dicho. Tenemos muchos pisos para ti.
Se les olvidó mencionar que, todos esos pisos, excedían al menos cien euros su presupuesto, incluso la pocilga multitudinaria.
Me preguntó si podía contar aquí, en esta revista, lo que le había pasado y habló con ellos sobre la denuncia que les iba a poner si no le devolvían su dinero.
El departamento jurídico de la inmobiliaria le dijo que tenía que presentar sus quejas por escrito y explicar por qué no estaba contento con el servicio, él explicó todo lo que les he contado, y bastante más, por supuesto. Fue entonces cuando esa maravilla de letrada que tienen al teléfono, tras pensarlo un poco, hizo una observación que la cubrió de gloria:
Igual los dueños no te alquilan porque eres extranjero.
Así, tal cual. Y se quedó tan ancha.
Mi amigo, ya flipando en estéreo, le dijo que sí, que es extranjero, igual de extranjero que cuando les dio un dinero que, por cierto, ellos no parecen querer devolverle.
Porque, antes de cobrar, no había ninguna pega, ni con sus condiciones, ni con su país de procedencia, ni con el precio. Después, simplemente, pasaron del tema.
Así funciona, señores.
La jodida pandilla inmobiliaria.
Para que vean cómo está el patio.

24 de septiembre de 2006

Carta al Canto Del Loco [Ateneaglam Oct-Nov]

Querida emisión sonora con pretensiones melódicas proferida por un perturbado mental.
(Vulgo: Querido Canto Del Loco)
He de confesar que me tiene usted desconcertado.
Al principio me costaba mucho descifrar sus mensajes, ya que el portavoz de su esfera conceptual no es precisamente reconocido por su capacidad de vocalización clara y concisa. Ahora que ya he reajustado mi oído y soy capaz de entender, casi a la perfección, el castellano que practica, he de decirle que me asalta la duda.
Verá, estoy totalmente de acuerdo con eso de “amaestrados, vamos todos al mismo sitio” que dice usted. Fíjese si estoy de acuerdo que hace tiempo que dejé de ir. Salvo alguna incursión nocturna esporádica como la que comentaré más adelante, y que, en parte, ha motivado esta carta.
Le recomendaría que hiciese lo mismo, es decir, haga otras cosas y olvídese de esos lugares. Hay más formas de divertirse, seguro que si busca bien las encontrará. Ese brillito inteligente en su mirada me lo dice.
Si le soy sincero no acabo de entender porque insiste en ir, ya que parece disgustarle mucho lo que encuentra allí. A decir verdad, me sorprendió usted en el primer estribillo, porque tras la protesta con la que abre la canción, y después de haber manifestado lo bien que se está en su sofá, escucharle decir eso de que quería entrar en el garito, y además con zapatillas, se me hizo raro, pero bueno; cada uno es libre de ser incoherente cómo y cuando le apetezca.
El caso es que, como le decía más arriba, anoche hice una excepción y visité uno de esos garitos donde, por cierto, casi todo el mundo iba en zapatillas.
Llegados a este punto he de romper una lanza a su favor.
Con toda esa gente ocupándose de cosas superficiales como la inmigración, el uso de dinero público para mentir al ciudadano (me refiero a las campaña anti-piratería, no sé si sabe usted algo de eso, de hecho no sé si sabe usted algo, así, en general.), todos esos temas aburridos, ya me entiende, la desigualdad social, la manipulación mediática, nuestros soldaditos yéndose a guerras que ni les van ni les vienen, en fin, todos protestando y a nadie, hasta que usted llegó, se le había ocurrido poner el dedo en la llaga; denunciar en voz alta, y con éxito, los dos puntos que realmente conforman la problemática de la juventud española a día de hoy:
El libre acceso a los locales, usando zapatillas, y el aparcamiento.
Eso sí que es cortar de raíz.
Pese a que el segundo punto me de bastante lo mismo, porque suelo ir a pie, he de reconocer que las élites intelectuales y los más vanguardistas en eso de la lucha por los derechos civiles van a tener que tomar buena nota de su osado gesto y de su indiscutible victoria. Al menos en lo que al primer punto se refiere.
Como le decía, ayer visité uno de esos garitos que tan poco le gustan, y a los que parece ir siempre que puede, y tuve una epifanía con respecto a su canción, que es lo que me ha impulsado a escribirle esta carta de agradecimiento.
Me sucedió cuando ya la habían puesto cinco o seis veces. Sé que algunos dirán que el hecho de que la pongan tanto, en sitios así, la convierte en “esa puta música indiferente” que usted denuncia, pero ellos no han visto la luz.
Habiendo comprendido la magnitud de su labor social me asaltó la duda que mencioné al principio y que paso a exponerle a continuación:
¿Va a seguir con su cruzada y regalándonos canciones que cambien el mundo o va a sumirse en el silencio para que los ecos de perfección de su obra marquen el camino a los que vendrán después?
A mí me parece más épico lo segundo, más a la altura de un héroe postmoderno como usted. No obstante no seré yo quien le diga qué debe hacer.
Sin más que añadir, se despide atentamente,
Un fan.

23 de agosto de 2006

[Artículo Ateneaglam, mes de Septiembre]

Las palabras son importantes.
Con ellas explicamos el mundo. A nosotros mismos y a quienes nos rodean.
Siempre me ha llamado la atención que toda vivencia, todo recuerdo, quede reducido a lo que contamos. Historias. Palabras.
Es lo que hay, funcionamos así. Más que ser una simple herramienta las palabras nos conforman, definen nuestra realidad. No tratamos con el mundo, sino con la imagen del mundo que tenemos, y esa imagen nos viene dada por terceros, por lo que nos cuentan, por lo que nos dicen que significa lo que estamos viendo. Palabras.
Por eso es tan importante escogerlas bien.
Escogerlas mal podría tener resultados bastante nocivos para nuestra comprensión de lo que nos rodea. Si, por ejemplo, una superpotencia militar llevase meses planeando la invasión de otro país y se lanzase a ello, si eso ocurriese, y en lugar de invasión utilizásemos misión de paz, o lucha por la democracia, nuestro mapa de la realidad se deformaría con respecto a los hechos, alejándose de ellos. Si cuando un pueblo fuese invadido y se defendiese llamásemos a los que luchan insurgentes, en lugar de resistencia, no estaríamos haciendo justicia a un montón de conceptos importantes, entre ellos la dignidad. Si cuando el invasor matase civiles inocentes -¿existe otro tipo?- dijésemos que la violencia ha causado esas muertes, y no el propio ejército invasor en persona, estaríamos faltando a la verdad. Si cuando un ejército armado hasta los dientes con armas de última generación, aviones de alta tecnología y demás juguetes bélicos, se enfrentase a guerrillas de ciudadanos armados con fusiles, cócteles molotov y misiles de corto alcance usásemos enfrentamiento, en lugar de masacre, no estaríamos siendo demasiado equitativos. Si llamásemos a los movimientos que la resistencia hiciese para defenderse de una invasión por la fuerza, que violase de pleno el Derecho Internacional, actos terroristas estaríamos cometiendo algo más que una falta grave contra la verdad. Estaríamos condenándonos a ser el peor tipo de fulano después del que aprieta el gatillo; el que mira impasible cómo todo eso ocurre. Tal y como Manuel Freytas señaló, en un esclarecedor artículo sobre cómo las cadenas están manipulando el genocidio militar ejecutado por Israel en el Líbano, llamar guerra a ese tipo de enfrentamiento desigual es poner a jugar en la misma liga al elefante y la pulga. Y Existe una diferencia de tamaño obvia, no sé si me captáis.
Es por todo esto que me parece importante escoger bien las palabras.
Porque afectan a nuestro entendimiento de las cosas.
Quizá gran parte del problema seamos nosotros, no sólo las palabras mal escogidas.
Algo malo debe estar pasándole a nuestro sentido crítico, cuando todo esto ocurre ante nuestros ojos y no nos damos cuenta de que algo anda mal. Sólo hace falta un mínimo de cultura, un mínimo de perspectiva histórica, para ver con claridad que los buenos de esta película no son, ni de lejos, los buenos. Quizá sea un fallo en mi cerebro, pero entre dos tipos que matan con el mismo salvajismo, con la misma falta de piedad, siempre caigo a favor del que se está defendiendo. Y aquí no están igualados. Es posible que a todos nosotros nos pase lo mismo, quizá de ahí tanto esfuerzo en presentarnos al agresor como agredido, al que se defiende como un diablo que hay que destruir a toda costa. Tanto esfuerzo para no llamar asesino al asesino.
No puedo dejar de pensar que toda esta manipulación ocurre en el campo de las palabras, ese en el que a veces me gusta jugar. Así que, aprovechando mi regreso a la revista, después de estas vacaciones que para algunos no lo han sido, quiero terminar con una propuesta justa para todos:
Empecemos a usar las palabras correctas.

4 de junio de 2006

[Artículo Ateneaglam, mes Junio]

No sabes que hay minas hasta que pisas una, y entonces suele ser demasiado tarde.
Allá por el ochenta y tres los aprendices de demócrata tuvieron a bien introducir una ley que prohibía la exhibición de material ofensivo en la vía pública.
Nunca he tenido demasiado claro quién decide este tipo de cosas, es decir, quién puede hablar en nombre de una mayoría sin imponer su criterio, sobretodo cuando se trata de cosas tan subjetivas como qué es de buen o mal gusto y qué resulta o no resulta ofensivo a la vista. Hay miradas, y miradas.
El caso es que como los conservadores que dicen no estar obsesionados con el sexo están obsesionados con el sexo, y las cosas estaban como estaban por aquel entonces, se prohibió precisamente eso, es decir, que hubiese mujeres desnudas, porno, y cosas tan poco naturales a la vista, Dios nos libre del pecado, sobretodo si tiene tetas.
Esta ley, decreto, censurilla de andar por casa para contentar a nacional católicos y gentes de bien, o cómo diablos los queramos llamar, ha estado criando polvo más o menos unos veintitrés años. Una siesta, vamos.
Y ahora, de pronto, se aplica, aquí, en nuestra ciudad.
Claro, uno levanta la ceja, se pone colorado, nota la tensión subirle por el cuello y pega un vistazo al calendario. Veintitrés añitos después, y coincidiendo con la próxima visita de su Majestad Vaticana, el Papa, la ley salta al ruedo y empieza a aplicarse. Que conveniente todo. Que democrático, que poco forzado, ¿verdad?
Lo mejor de todo es que ni El Ayuntamiento, ni La Jefatura, admiten haber dado la orden de que esta ley se aplique. Ha sido, al parecer, iniciativa privada de los agentes. Se multó a un par de Quioscos, y se avisó amablemente al resto de que la ley existía y que, para evitar problemas, sería mejor no tener ciertas cosas a la vista. También algunos particulares, ciudadanos muy majos y simpáticos de esos que van a misa los domingos, recomendaron a sus quiosqueros que quitasen esas cosas de en medio, no sea que se nos ofendan las gentes de bien que nos van a invadir la ciudad, vive Dios.
Luego retracciones, aclaraciones, y un largo etcétera, pero el daño ya está hecho. El daño, por si no está claro, se llama miedo. Porque la mejor manera de prohibirte algo es conseguir que te lo prohíbas tú mismo, y de eso, aquí, los colegas, saben un rato.
Quiosqueros retirando no sólo el porno, sino el Interviu, e incluso las revistas de Fitness donde salen chicas en bikini luciendo unos culos, por cierto, estupendos. No sea que les multen, no sea que se busquen un lío por molestarle la vista a los fans del Papa, que son los que, al parecer, mandan aquí.
Así que de eso va el asunto, de acojonar al personal un poco, de retractarse a medias luego y dejarles con el susto, para ver si se cortan un poquito y hacen lo que se espera de ellos; obedecer como buenas ovejitas a estos pastores.
El problema está en que estos pastores están en las últimas, han demostrado a lo largo de la historia que como eso, como pastores, no dan ni una. Seguir bailándoles el agua es algo más que un error absurdo. Pero aquí no decimos que no a un baile, así que: derroche de dinero, cámaras por doquier y censura a la vieja usanza; que se sientan como en casa, como en los tiempos que añoran, cuando su moral era ley, los tiempos que están tratando de devolvernos, los simpáticos cabroncetes.
Uno no puede evitar pensar en cuántas leyes así habrá diseminadas por toda la maraña de códigos penales, civiles y judiciales que nos rigen. Leyes mina, dispuestas a saltar cuando resulte conveniente hacerlas saltar, para poder cohibir, de forma rastrera y amparados en la legalidad, a la gente que ya ha superado la infancia mental.
Eso sí que es ofensivo a la vista.

30 de abril de 2006

[Artículo para Ateneaglam, número Mayo ]

Lo he estado pensado y tengo algo que decirte: Harry Potter es subversivo.
Ahora es cuando tú me dices, ¿Subversivo?, ¿de qué vas, tarado?, pero si son Los Cinco con varita mágica, si eso tiene menos sustancia que la caca prefabricada que venden para el desayuno, bajo la etiqueta de cien por cien fibra, ¿has vuelto a comer casitas de pitufo? Anda ya.
Insisto, Harry Potter es subversivo.
Los políticos que muestra, o son cretinos que no se enteran de lo que se cuece o son cretinos con muy malas intenciones. ¿Alguien había sintetizado tan bien la política alguna vez? Ese Malfoy padre, tsk, tsk. Es interesante observar cómo abusa de su posición, y cómo su retoño ya apunta maneras de tiranillo, igualito que papá. Sólo falta que haya petróleo por medio para que la metáfora coja un poco más de sustancia. A las sociedades basadas en elites esto les tiene que hacer una gracia indescriptible.
El tema de los sangre sucia, el pensamiento que algunas clases pudientes practican cuando se trata de decidir quién merece y quién no el acceso a según qué privilegios, tiene varias lecturas, una clara metáfora del racismo, sea de raza o clase. Curioso que Voldemort, que es el que más se ceba con el asunto, sea sangre sucia. ¿No recuerda a cierto dictadorcillo que puso a Europa de rodillas y del que se rumoreaba que tenía sangre de la misma raza que casi borra de la faz de la tierra?
Los profesores, figuras de autoridad del mundo infantil, mienten, ocultan información y, en ocasiones, pueden ser los villanos, o tener conexiones con el mal que nuestros protagonistas tratan de combatir. Resulta que la mayoría de veces nuestros jóvenes héroes resuelven los problemas que surgen empleando distintas estrategias que tienen un factor común: Desobediencia.
La manipulación mediática también está presente en la obra. Así pues ese Syrius Black, demonizado hasta el hastío, resulta ser un tipo bastante superior a la media y el profesor vendido como lo más de lo más en magia resulta ser un auténtico fraude, tomen nota de esto último los fans de la pseudofilosofía trasnochada para lectores de Cosmopolitan con la que Paulo Coehlo malgasta restos de árbol muerto. El Consejo de Magia pidiéndole a Harry que se muestre favorable a su política, errónea a todas luces, para ganar aprobación popular, aprovechando que él es, a su manera, una figura pública, no tiene precio. Me recuerda a ciertos artistas hablando a favor de monopolios culturales. Al menos nos queda el consuelo de que Harry dice no.
La figura de los Dementores es de lo más interesante. Unos tipos que, con la excusa de mantener la paz y el orden, abusan de su poder, torturan prisioneros inocentes y también inocentes a secas, en fin, ¿a alguien le suena de algo? ¿No? ¿En qué planeta has vivido los últimos tres años? Que sepas que mis fuentes me confirman que en Guantánamo han encargado seis Dementores para las navidades que viene. Con capucha y todo.
Las leyes y reglas suelen aparecer en la obra como algo que limita las acciones de los personajes benévolos y que permite a los malvados escudarse tras ellas y hacer su voluntad. No obstante siempre hay una forma de esquivarlas, de hacer trampa, como Harry hace para liberar al simpático bicho, esclavo de Malfoy, en la segunda entrega de la saga. Usar la voz del poder contra el poder siempre ha sido una de las máximas de la subversión.
Está claro que la prosa no es para tirar cohetes, pero vale la pena darle una oportunidad al pequeño cuatro ojos porque, bajo todo ese entretenimiento, hay un mensaje que se enciende como una luz roja que es imposible no ver, salvo que seas muy corto de vista y necesites que te señalen todas las cosas. El mensaje dice: Desconfía de la autoridad.

18 de abril de 2006

[Columna de Abril en Ateneaglam, Valencia]

En todo este asunto de las descargas gratuitas de música, mal llamadas piratería, hay conceptos engañosos que confunden al ciudadano medio.
En primer lugar no es lo mismo perder dinero que dejar de ganarlo.
El control, no sólo sobre los beneficios, sino sobre qué debe sonar y qué no, se les está escapando de las manos.
El artista, el genuino, no el cantamañanas prefabricado cuya elección se realiza a golpe de casting, ve en la Red una posibilidad de dar a conocer su trabajo. El artista consolidado puede ofertar un producto no afectado por presiones comerciales y a precio bajo, ya que elimina toda la cadena de sanguijuelas e intermediarios.
Las personas que están produciendo cosas de calidad y difundiéndolas obviando a la discográfica y acogiéndose a licencias libres, como la Creative Commons, empiezan a poner nerviosos a los señores de la industria.
Un factor que no se tiene en cuenta, grave error, es que los que viven de los discos son las discográficas, no los músicos. Los músicos viven de los conciertos. El porcentaje que percibes por las ventas, salvo que te llames Alejandro Sanz, es ridículo.
Léase el manifiesto de Kiko Veneno a este respecto, disponible en la Red y bastante clarificador. Alaska también expresó su conformidad con que la música se copiase y se difundiera, ya que como artista, sabe que eso se refleja en el aforo. El resultado fue que sus discos se retiraron de las tiendas hasta que rectificó. Si eso no es coacción, no sé qué puede serlo.
Actualmente se está trabajando para que, por contrato, los artistas no puedan declararse a favor del libre intercambio de archivos.
Si todo el mundo descarga a un grupo llamado, por ejemplo, Pasamos de Mafiosos, un concierto de Pasamos de Mafiosos venderá entradas, porque existirá un público de oyentes. La música en directo se hará más común, la oferta más variada, y la música, como evento social, más importante. Aún abaratando precios, eliminando intermediarios, el total que quedará para el autor será mayor.
La cantidad de horas que la gente dedicará a escuchar música, probando cosas nuevas, quizá le provea de nuevo del gusto que las radiofórmulas le han arrebatado durante su reinado. El tiempo que éstas tarden en empezar a programar música de Pasamos de Mafiosos será corto, una vez desaparecida la multinacional todopoderosa. Cuestión de supervivencia.
En cuanto a ciertas medidas que esa organización que se querella contra todo el que la llama mafia, pese a encajar con la definición que da nuestra academia de la lengua, y que se atreve a llamar pendejos electrónicos y piratas, a todos aquellos que descargan música para su crecimiento personal, un par de palabras:
El canon es un acto ilegal que ha generado ganancias ilegales, partiendo de la base de que muchos comercios adquirieron los CD´s antes de la llegada del canon pero los cobraron con él. Hagamos cuentas y veremos por dónde va el asunto.
La idea de cobrar canon por cualquier soporte que pueda usarse para contener música grabada es, cuanto menos, ridícula.
Una especie deja paso a la otra -que pregunten a los dinosaurios- y los grandes hombres de negocios enriquecidos a costa del trabajo ajeno no saben retirarse a tiempo.
No saben ver esta lluvia de meteoritos.
El problema, para ellos, está en que todo esto escapa de sus manos. El modelo que ostentan está obsoleto. El renovarse o morir no entra en sus cabezas y utilizan la confusión dialéctica y la demagogia para mantener el Status Quo. Por otra parte, viendo lo que se está editando hoy en día, lo mejor que le puede pasar a la industria es su extinción.
El monopolio del gusto llegando a su fin, eso es lo que estamos viviendo.
Lo que pase después, dependerá de nosotros.

26 de diciembre de 2005

Mi tio inexistente es una revista de culto

(Publicado en la V30 Magazine, Valencia )
Podría empezar diciendo, por hacer un juego de palabras, que Dave Eggers tiene un par de huevos.
A mediados de los noventa comenzó a publicarse, en papel, una revista trimestral que atrajo la atención del mundillo literario y que terminó convertida en objeto de culto. Digo en papel porque venía publicándose en la red, como parte de un experimento que consistía, basicamente, en publicar material que se quedaba fuera de las revistas estandar por no encajar en las lineas más conservadoras y tradicionales que imperaban, e imperan, en las publicaciones norteamericanas de amplia difusión.
Los medios eran bastante modestos: Dos personas trabajando, con sus ordenadores, en un apartamento de una sola habitación. Sin embargo esta modestia en lo material se compensó con contenidos de alto voltaje: Todos los autores que en aquel momento estaban definiendo, con sus textos, la vanguardia de la literatura norteamericana encontraron, en aquella revista, un espacio donde darse rienda suelta.
Y lo hicieron.
David Foster Wallace, Jonathan Lethem, George Saunders y Rick Moody, por citar sólo algunos autores, hicieron de aquella revista que jugaba tanto con la forma como con el contenido, su segundo hogar.
La cabeza, y los huevos, detrás de aquel proyecto, pertenecían, y siguen perteneciendo, a Dave Eggers.
Nuestro hombre, no contento con haberse convertido en una de las grandes esperanzas blancas de las letras norteamericanas y en uno de los miembros más jovenes de la Next Generation, fue un poco más allá. Montó un sello editorial propio, una revista hermana (The Believer) que se convirtió en breve, como McSweeney´s, en objeto de culto, y que, a su vez, también poseía un sello dedicado a autores de vanguardia de gran calidad.
Sin casi darse cuenta terminó siendo referencia imprescindible para la contracultura independiente. Incluso la revista Times se rindió a sus pies y le reconoció como uno de los cien hombres más influyentes del planeta.
Desde hace relativamente poco podemos disfrutar, en castellano, de dos recopilatorios de la célebre McSweeney´s.
Es de agradecer, entre tanto código, tanto templario, tanto pilar de la tierra, y tanto pseudoiluminado con aires budistas, encontrarse con antologías de este calibre, con textos tan variados y frescos como los que podemos encontrar en estos dos tomos de casi cuatrocientas páginas cada uno.
Quizá podríamos criticar que la edición, pese a estar cuidada, es bastante convencional. Sobretodo si la comparamos con la revista original, que tiene una maquetación y una forma distinta en cada número. ( Dave Eggers publicó su novela, Ahora sabréis lo que es correr, sin portadas… háganse una idea. )
Actualmente McSweeney´s, con Eggers al frente, se ha convertido en más que una revista. Acaban de enviar veinte profesores de Houston para atender a niños víctimas del Katrina, han publicado entrevistas con hombres que fueron condenados a muerte y exculpados en el último momento gracias a las pruebas de ADN, texto que, no debería hacer falta decirlo, se está convirtiendo en un alegato de cierto peso contra la pena de muerte . Por otra parte los centros 826, financiados con donativos privados, libros benéficos, clases de escritura impartidas por escritores de renombre, y un amplio etcétera, están dando a cientos de jovenes oportunidades que el sistema educativo americano, por llamarlo alguna forma, no contempla.
Como habrá deducido el lector, Eggers y su banda no son gente apolítica e indiferente; hacen todo lo que pueden por crear, desde la originalidad, la creatividad, la innovación y las nuevas formas de hacer cultura, un mundo mejor.
Es por eso, quizá, por lo que podriamos afirmar que flota en gran parte de los relatos, pese a lo experimental, una crítica al status quo.
El activismo como arte, el arte como activismo; léase como se quiera, pero léase.
McSweeney´s empezó como una pequeña broma, de hecho el humor siempre ha sido importante en esta publicación, y, a día de hoy, es toda una referencia a tener en cuenta por aquellos creadores que quieren hacer algo más que llenarse los bolsillos. El nombre surgió de un modo un tanto peculiar: En su casa recibían cartas de un tal Thomas McSweeney, que afirmaba ser miembro de la familia. Al parecer las cartas eran de lo más disparatado y perturbador, por lo que el autor recuerda, así que cuando se puso a darle vueltas a la idea de la revista le pareció una buena opción.
Lo demás, como suele decirse, es historia.
Lo mejor de McSweeney’s Volumen I y II
Reservoir Books
Editorial Mondadori
Links de interés:
Página de McSweeney´s: http://www.mcsweeneys.net/
Página de The Believer: http://www.believermag.com/
Página de 826: http://www.826valencia.org/

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http://www.826la.com/

12 de diciembre de 2005

Presentación sección contracultura para la V30 Magazine

. (Principio de interferencia)
Hola.
Este espacio es para que puedas escribir tu propio saludo, recórtalo y mándanoslo por correo. No te vamos a regalar nada pero será bonito recibirlo.
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Bien.
Ahora que nos hemos saludado, podemos empezar.
Digamos que esto va así: está el mundo, estás tú y está la interpretación que tú haces de éste. Y justo ahí empiezan los problemas.
Si te paras a pensarlo verás que no tenemos contacto con el mundo, sino con la imagen que se nos ofrece del mundo, y esta imagen es incompleta, altamente manipulable y, en muchos casos, falsa.
No es que seas imbécil y no sepas interpretar lo que ves. Lo que ocurre es que las herramientas que utilizas para interpretar están trucadas a favor de la realidad consensuada, del sistema, del poder, del status quo, del llámalo cómo quieras pero llámalo y date cuenta de que está ahí; justo dentro de tu cabeza.
La realidad como infección, como virus.
La Interferencia Cultural, la Guerrilla de la Comunicación, la Resistencia Semiotica, actua desde cualquier medio a su alcance para interferir en el patrón que se te está dando para interpretar el código de «lo real».
Crea momentaneos espacios de probabilidad para la reinterpretación del mensaje dado.
Trata de ser una vacuna, un antivirus.
Hoy día la táctica del poder ya no consiste en ocultar la «verdadera versión», sino en crear tantas versiones como sea posible para, de esta forma, agotar y confundir a aquellos de nosotros que queremos saber qué demonios está ocurriendo.
La gran baza del sistema es su capacidad para institucionalizar cualquier forma de rebeldía. Toda forma de rebelión terminará convertida en moda, tendencia, tópicos desvirtuados y una puta camiseta; pregúntale al Che.
La otra gran baza es que estamos tan acostumbrados a ciertas relaciones de poder que éstas resultan invisibles a nuestros ojos. No puedes romper la cadena que no ves, porque no sabes que está ahí.
En las últimas décadas los medios han dejado de ser el vigilante del poder para convertirse en su herramienta. La verdad ya no importa, todo se reduce a un juego de versiones coherentes con una conveniente imagen dada, y a veces ni eso. Si consigo que la mayoría defienda mi versión tendré razón, la tenga o no. Incluso aunque la defiendan sólo durante un tiempo será suficiente: miento, asusto al ciudadano, invado un país, aniquilo a unos cuantos miles de personas, me quedo con el petroleo y luego digo que mentí, pero que lo hice por el bien del planeta; el mal ya está hecho, y además todo el mundo está viendo el fútbol, así que tampoco importa demasiado.
El Culture Jamming, la Guerrilla de la Comunicación, se funde con el medio; utiliza las formas conocidas, aceptadas, para transmitir el mensaje subversivo. En el mejor de los casos hace visibles las mentiras, las relaciones de poder que existen, y obligan al sentido crítico del individuo a ponerse en funcionamiento.
Es una forma de resistencia rizomática, en continuo movimiento, en continua expansión, en activo en diversas areas; incontrolable. Su estrategia es la no estrategia. En realidad, donde sistemas dogmaticos, religiosos o políticos, afirman, nosotros dudamos.
En esta sección encontrarás herramientas e historias.
Hablaremos de gente que aportó y sigue aportando su granito de arena a que, ahí fuera, haya ideas que contrarrestan, que amplian, que deconstruyen, que enseñan.
Gente un poco más Invisible que Michael Moore, Chuck Palahniuk, y todos aquellos que ya conoces, aunque sea de oidas.
Incluso hablaremos de gente que, sin existir, ha puesto en evidencia a los medios en más de una ocasión. Luther Blisset nuestro, que estás en los cielos, blablabla.
También analizaremos cómo se usa la tergiversación, la reinterpretación, la fragmentación, el lenguaje y muchas otras formas de manipular la información y, sobre todo, tu forma de interpretarla. Hablaremos de cómo las usa el poder, de cómo se han usado contra el poder y de cómo puedes usarlas tú.
Intentaremos que la emisión sea divertida y reirnos un poco de todo, a fin de cuentas todo esto no es importante, así que nos lo tomaremos con humor.
Y, ahora, seguimos con la programación habitual. Gracias por tu atención.
. ( Fin de interferencia )