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12 de noviembre de 2003

La conversación

-Sé que te despertarías feliz todas y cada una de las mañanas que estuvieses conmigo; puedo poner la mano en el fuego y no quemarme.
Lo dijo con seguridad, sonriendo y mirando sus ojos azules. Ella se sonrojó.
-Me pones nerviosa -rió y sacó un cigarro-, estoy fumando como un carretero, por Dios. Que sepas que nadie me pone tan nerviosa normalmente “Le sonrió mientras encendía su pitillo y él pensó que era realmente bonita.
-Yo tampoco hago este tipo de cosas normalmente, decirle a una desconocida que quiero despertarme a su lado, hacerla feliz, comer con ella, pasear por la ciudad -encogió los hombros- pero bueno, supongo que esta situación tampoco es muy normal y lo común no se le puede aplicar. Quizá, después de todo, lo del amor a primera vista existe.
-¿Sabes? El primer día que te vi me llamaste mucho la atención “dio una calada entrecerrando los ojos, exhaló el humo echando la boca a un lado ligeramente, sin dejar de mirarle y siguió hablando- creo que fue la ropa, tienes un modo muy particular de vestir.
-No sé, no me preocupan esas cosas; cojo lo primero que veo y me lo pongo.
-A eso me refiero, se te ve despreocupado, no sé, me resultó curioso.
-Ya, creo que sé lo que dices; mi agente lo odia.
-Y bueno, ¿por qué volviste al día siguiente?
-Hum” “se recostó un poco hacia atrás “no sé, cuándo me vendiste aquella camisa todo parecía muy normal, muy familiar, no sé si me entiendes; no era la típica simpatía estudiada de algunas dependientas.
-Ajá
-Era como si ya te conociese de algo “se inclinó hacia delante“, además mostraste mucho interés por mis cosas, no sé, eso me gustó. Me sentí bien.
-Ya, yo lo pensé después; te pregunté un montón de cosas “rió tapándose la cara con las dos manos.
-Sí, ya te digo que eso me gustó mucho; eso y tú, claro.
-Es curioso, antes de que dijeses que eras escritor ya lo había supuesto, tienes pinta de algo así, no sé, un poco bohemio.
-¿De verdad?
-Sí, bueno no; no sé. No sé si es la pinta exactamente o una especie de vibración, Dios, debes pensar que estoy un poco chiflada.
-Sí, una chiflada realmente preciosa “le guiñó el ojo y bebió.
-¿Cuándo presentan tu libro?
-Ah, el mes que viene, a mediados, el diecisiete creo.
-Qué bien
Se quedaron callados un momento, ella fumaba sin dejar de mirarlo. Él desvió un instante la mirada hacia su bebida, como si buscase algo en su interior. Volvió a mirarla; cuanto más la miraba más bonita le parecía.
-Es raro, yo tampoco suelo hacer este tipo de cosas “dijo ella.
-Es lógico, tienes un hijo de tres años y vives con su padre “dijo irónicamente
-Qué cabrón eres “dejó escapar una risita por su nariz-, recuerdo cuando viniste el segundo día, te pusiste frente a mí, me diste tu teléfono y te negaste a coger el mío.
-Ya, es que si te llamaba yo no sabría si estabas siendo amable, si me llamabas tú es porque tenías interés “le sacó la lengua y se rió.
-Bueno, es una curiosa teoría “dijo riendo también.
-A mí me hizo gracia cuando te dije lo de cenar algún día. Me miraste con esa mirada inquisitiva que pones a veces, doblaste un poco la cabeza mientras entrecerrabas los ojos y me dijiste: “¿Y si te digo que tengo un hijo?”
-Es verdad, me acuerdo de eso, te estaba poniendo a prueba; tú contestaste: “Pues compramos la comida, la llevamos a tu casa y cenamos con él, donde comen dos comen tres”, casi ni parpadeaste para decirlo.
-Sí, me salió sólo “hizo un ademán en el aire, muy teatral, y volvió a mirarla un poco más serio “entonces fue cuando me dijiste que vivías con tu chico.
-Sí, creo que en gran medida empecé a quedar contigo por tu respuesta.
-Vaya, no recuerdo bien qué dije, tendrás que hacerme memoria para que lo apunte y pueda usarlo en otra ocasión -le sonrió de nuevo.
-Dijiste: “Bueno, si tener pareja te impide conocer a una persona más y disfrutar de su compañía lo entenderé, pero que sepas que será una lástima, estas cosas no pasan todos los días, y menos a mí.”
-¿Yo dije todo eso? La leche, hay que ver cómo está el mundo ¿eh?
Los dos se rieron y siguieron hablando un rato más, a su alrededor la gente seguía con su vida, su bebida y su charla.
Desde fuera no había nada que los diferenciase del resto.
-Yo antes estaba muy bien; físicamente quiero decir.
-No digas bobadas, eres tan bonita que duele mirarte “entrecerró los ojos como si el sol lo cegase.
-No, en serio, desde que tuve al niño he perdido forma, antes estaba mejor.
-Creo que me alegro, no sé si podría soportar que fueses más preciosa de lo que ya eres.
-Soy muy tímida, aquí donde me ves me avergüenzo un poco de mi físico.
-Bueno, algún fallo tenías que tener; estás ciega y no eres capaz de ver que la mitad de chicas ahí fuera matarían por ser como tú, pero no pasa nada; podré vivir con ello -sonrió, levantó su copa y dio un trago corto.
-El caso es que estos días he pensado en ti
-Vaya, eso me interesa, ¿Qué has pensado?
-Bueno”
-Vamos, vamos, me tienes en ascuas “se zarandeó un poco de lado a lado.
-Pensé que, pese a mis complejos, no me importaría desnudarme delante de ti; sé que me sentiría cómoda.
-Joder
-Te has puesto rojo
-Dame unos segundos para reaccionar
-Concedidos
Él miró un instante a través del cristal. La gente iba y venía con sus bolsas. Volvió a hablar.
-Me has pillado totalmente desprevenido
-Ya era hora ¿No?
-No sé qué decir, no era lo que esperaba; yo he estado pensando en ti bastante, pero eran cosas más estúpidas como tenerte a mi lado mientras veo ponerse el sol, sonreírte mientras quemo la cena, escucharte merodear por la casa mientras escribo, dormirme oliendo tu pelo, despertarte dándote besitos en la cabeza, ese tipo de chorradas, ya sabes, debo de estar haciéndome viejo.
-No sé, a mí también me sorprendió pensar en ello, las cosas no van bien con el padre de mi hijo pero no quiero estar con nadie, quiero decir, no es mi intención engañarle, tener aventuras ni nada de eso.
-¿Estás enamorada?
Ella se puso seria y él la miró directamente a los ojos, tratando de adivinar la respuesta antes de que saliese por su boca.
-Lo quiero mucho, es el padre de mi hijo y”
-¿Estás enamorada?
-No- hizo una pausa -no estoy enamorada.
-Siempre lo llamas el padre de mi hijo, no sé, no pareces enamorada. Cuando estás conmigo se nota, no sé explicarlo, es el vacío ese. Hambre de amor lo llamo yo.
-Sí, supongo que se nota un poco.
-Pero no quieres engañarlo.
-No, no quiero engañarlo.
-Y piensas que te sentirías cómoda desnuda conmigo.
-Escucha, te conozco poco y me gustas, me gustas mucho más de lo que te imaginas. Pero me descubro a mí misma pensando en cómo sería el sexo contigo, en cómo tienes que besar, en cómo sabrá tu piel y me siento mal. No quiero engañarle. Es cierto que las cosas que me haces sentir son muy raras; contigo todo es muy raro. Pero sé que no quiero engañarle.
-Comprendo
-Mi hijo es muy importante para mí.
-Que tengas un hijo no me asusta lo más mínimo.
-Lo sé, por eso me asusta a mí.
-Bueno, así que los dos nos gustamos, tú estás en una relación que no funciona y tienes un hijo; a mí eso no me acobarda en absoluto, me va bastante bien escribiendo y puedo permitirme ciertas cosas, pero entiendo que a ti sí te asuste, a fin de cuentas el escritor pirado con el que no sabes como te irían las cosas soy yo y tú tienes que mirar no sólo por ti si no por la estabilidad de tu niño, quieres además de un compañero un padre para él. Yo me veo en el papel, pero es cierto que no sé cómo saldría, ahí tienes razón. Total, que así estoy; hablando sobre mi nuevo libro en una emisora local del sur y deseando terminar para poderte llamar, buscando un hueco para escribirte un mensaje y esperando los tuyos, llamándote siempre que puedo, haciendo malabarismos con la agenda y esquivando algunas citas con mi agente para poderte ver, sintiéndome el hombre más afortunado del mundo por poder tenerte delante. Dando gracias porque existas. A mí me gustas, no te engañes, me gustas muchísimo, es algo que roza lo ilógico; siempre he dicho que si puedes razonarlo no es amor. No lo puedo explicar y sé que, moralmente, se me podrían reprochar un montón de cosas con respecto a esto pero también sé que quiero estar contigo.
-Yo también, joder, y no debería.
-Pero lo haces, así están las cosas. La pregunta es ¿qué vas a hacer?
-No quiero estar contigo.
-No quieres querer estar conmigo sería más exacto ¿no crees?
-Sí, eso es lo que pasa, no quiero querer; no quiero que esto vaya a más. Todavía no me has puesto una mano encima y mira cómo estoy, por Dios, mira el jodido cenicero. Estoy atacada, no sé qué hacer, tengo los nervios rotos. No sé si es lo mejor, pero no quiero estar contigo.
Se quedó mirándola un momento, bajó la cabeza escondiendo un poco los labios. Frunció el ceño. Volvió a mirarla. Relajó el gesto y habló.
-Está bien, lo entiendo.
-Lo siento mucho, de verdad. Lo siento.
-¿Sabes? Nunca había tenido tantas ganas de besar a alguien sabiendo que jamás lo haría, es una sensación nueva. Me lo apunto en la sección de sentimientos curiosos. Supongo que, al final, la realidad se impone a los sueños.
Miró hacia la barra, apretó la mandíbula y apuró de un trago su copa. Ella habló de nuevo.
-Te pediría que”
-Lo sé, que no venga a verte, que no te llame más y que desaparezca de tu vida.
Ella agachó la cabeza.
-Lo siento, de verdad, lo siento. No quería hacerte daño.
-Tranquila, no pasa nada. Tú no has pedido esto.
Sacó el teléfono y borró su número, trataba de sonreír. Hacía todo lo que podía.
-Han sido unas conversaciones geniales, unos cuantos cafés deliciosos, unos mensajes bonitos, buenos ratos que, desde hoy, serán buenos recuerdos; no has engañado a tu pareja ni has arriesgado la estabilidad de tu hijo, no hay motivos para que te sientas mal; si hacemos caso al sentido común has hecho lo correcto.
-Lo sé, pero me siento mal. Tú no te mereces esto, eres tan”
-No importa, ya no importa, de verdad; no pienses más en ello.
Se levantó, pagó la cuenta y volvió donde ella estaba. Pudo ver sus ojos húmedos. La besó en la cara con toda la dulzura que pudo. “No me verás más” dijo sonriendo. Una sonrisa para tapar la amargura, pensó; no quería hacerle daño. Ella no hablaba, sólo le miraba en silencio, con esos enormes ojos azules que casi no podían contener las lágrimas. Finalmente él le dejó una caricia en el pelo, se dio la vuelta y se marchó.
No miró atrás.
Fuera hacía un poco de frío. No le importó.
En ese momento hacía más frío en su corazón que en aquellas sucias calles que volvían a ser, como siempre, grises.

30 de septiembre de 2003

Una visita inesperada

Llevaba unas seis páginas escritas cuando se dio cuenta de que no estaba solo.
Dejó de teclear y se enderezó un poco en su silla, sintiendo un escalofrío por toda la espalda, hacia la nuca, un hormigueo se instaló detrás de sus orejas.
Separó la silla del escritorio y se giró un poco, vio de reojo el pie desnudo.
El silencio se volvió más escandaloso y un latido frió congeló sus pensamientos.
Finalmente se dejó llevar, como en un sueño, y terminó de girarse.
Una de ellas estaba en el sofá, boca abajo, mirándolo. Sus pies descalzos hacían dibujitos en el aire distraídamente. Sonreía.
Había otra de ellas en el suelo, con las piernas cruzadas, los brazos extendidos sobre el borde inferior del sofá, tocando con sus nudillos el suelo; sus rodillas apuntaban hacia él. Parecía desafiante, su sonrisa era casi sexual.
Las otras dos estaban en la otra parte de la habitación, una acuclillada en la mesa, un poco echada hacia delante, con las manos juntas apuntando hacia abajo y la cabeza ladeada en una expresión de curiosidad simpática. La otra estaba en la silla, con los pies sobre la mesa jugueteando con un lápiz.
Podía ver sus cuerpos, desnudos, bajo las extrañas blusas transparentes.
Su piel era como una mezcla de todas las pieles que alguna vez había deseado.
-¿Qué queréis?-dijo girándose de nuevo hacia su monitor.
-Queremos que escribas sobre nosotras
Habló la que estaba tumbada en el sofá, seguía jugueteando con sus pies perfectos en el aire; No podía verla, pero lo sabía.
Su voz era muy sensual.
-Estoy ocupado escribiendo otra cosa, quizá después.
-Escribe ahora sobre nosotras -dijo la del lápiz-, escribe y te daremos historias, cuentos, relatos, amores, odios, traiciones y pactos. Haznos un poco más inmortales, haz que tus dedos bailen para nosotras, ríndenos pleitesía, haznos reír.
-Haznos el amor -añadió desde encima de la mesa la otra, sin dejar de sonreír.
Podía notar la mirada de la que estaba en el suelo clavada en su nuca, no decía nada.
-Escuchad, no sé por qué demonios está pasando esto, pero no me importa; como casi nada desde hace tiempo. Estoy escribiendo una cosa para mis amigos. Es lo que estoy haciendo y no quiero hacer otra cosa que no sea eso. Id a molestar a alguno de esos poetas que escriben sobre noches estrelladas, azucenas, la luna fría y todas esas gilipolleces.
-Pero nos gustas tú, queremos que escribas tú para nosotras- detrás de sus palabras había una risita dulce.
Escuchó el crujir del sofá y los pies, desnudos, acercándose.
Su boca se secó; tenía un poco de miedo.
-Podemos abrirte puertas para las que no tienes llave, podemos hacer que brilles como los otros, esos que lees, los que te gustan, los que te acompañan en tus horas solitarias- dijo eso acercándose a su oído, rodeándolo con su brazo por detrás y apoyando su mano, suavemente, en su hombro desnudo -.Podemos hacer que ella se enamore de las palabras que escribes, te llamará, será amable contigo; le gustarás.
-No quiero nada de eso -tragó saliva- sólo quiero terminar esto, mandarlo a mis amigos y marcharme a dormir; no quiero brillar, no quiero ninguna de las cosas que me ofrecéis -mientras decía esto trataba de no pensar en lo bien que le hacía sentirse esa mano en su hombro; tanta dulzura le hacía un poco de daño en el alma- os lo agradezco, pero no puedo aceptar.
La mano se retiró suavemente.
-Está bien -oyó la sonrisa tras las palabras“ eres raro.
-Gracias
-Creo que nos gustas
-Yo no sé si me gustáis
-Vendremos a verte alguna vez, eres divertido, incluso cuando estás triste.
No dijo nada acerca de ese último comentario.
Se fueron.
Siguió dándole a la tecla un rato, girándose de vez en cuando para asegurarse de que las extrañas intrusas ya se habían marchado.
Encontró una frase para el final de su escrito y lo mandó.
Caminó por el pasillo en penumbra hacia su cama y se tumbó allí, esperando al sueño.
“Podemos hacer que ella se enamore de las palabras que escribes, te llamará, será amable contigo; le gustarás”
Menuda pandilla de chantajistas emocionales, joder.
Dio un par de vueltas en la cama, tratando de no pensar demasiado en ello. Acomodó la almohada y miró hacia la pared esperando que el aburrimiento lo durmiese.
Eres un imbécil, pensó, podías haberles pedido, por lo menos, su teléfono.

8 de septiembre de 2003

Recuerdo

Los ruidos, abajo, entran sin permiso por las rendijas de mi persiana.
Estoy solo. Si cierro los ojos ella sigue aquí, su olor en aire, el centro de la cama mojado con el sudor de su espalda. La esquina de sabana que aferró al tocar el cielo, todavía arrugada, se burla de mí; de mi nostalgia. De todo lo que le digo y todo lo que me callo.
Abro los ojos y miro su insultante vacío en mi almohada.
Siempre se va. Amamos durante horas que parecen siglos encerrados en minutos, le quemo con mi fuego sin pedir perdón por las heridas; ella siempre se arrepiente después y yo finjo que no importa.
Nunca le he dicho cuanto daño me hace que me quieran y me pidan perdón por amarme.
Se levanta en mitad de la noche y se viste; verla vestirse es casi mejor que un beso de Dios en los labios.
Se va, siempre se va; sólo una vez el sol nos sorprendió juntos”
Mi privilegio; no todos sabemos en qué pensaremos al morir.
Me levanto tratando de sacudirme su ausencia, un poco de agua para tragar el sinsentido de ser amado y dormir solo todas las noches, sabiendo que un día no volverá.
Sabiendo que ese día está más y más cerca con cada amanecer.
Entrar de nuevo en la habitación me resulta más difícil que salir. Mis labios siguen mojados: la botella.
No los seco; me da miedo borrar sus huellas.
Me tumbo y trato conscientemente de no respetar su espacio; ella no está.
No lo consigo.
Me encojo en la cama y miro al vacío tratando de no sentir lo que siento, las sombras me miran, curiosas, sin decir nada.
No durará; lo sé y aún así se lo doy todo, le quemo hasta quemarme y no me importa, aunque sé que no hay nada más importante; Estoy tan condenado que le sonrío a la pena.
Un día no podrá más, un día dejará de luchar contra la sensación de pecado que le produce amarme, un día el sentido común le dirá que no tenemos futuro y, engañándola, se la llevará lejos.
Querrá besarme y no lo hará, querrá que la haga mía, que la sujete fuerte por las caderas mientras su cabeza cuelga en el costado de mi cama y vacío mis besos en su cuello y no lo hará.
No habrá más taxis a las cinco de la madrugada, no habrá más sabanas arrugadas, no más estar sin estar, no más perdones, no más pecado y redención.
No más amor.
Se olvidará de que existí y mi habitación se reirá de mí, tan fuerte, que tendré que dormir en el sofá del salón; donde nunca le hice el amor.
Tendré frío, lo sé.
Por eso me aferro a la calidez de su recuerdo.

5 de septiembre de 2003

Ha sido un poco triste

No escribo esto en casa.
Después os lo haré llegar, como siempre. Me gusta compartir cosas con vosotros.
Estoy en uno de esos lugares que evocan recuerdos, tengo varios repartidos por toda la ciudad.
Hace poco me enteré de que voy a perder uno de esos sitios.
Para siempre.
Doce años de vivencias que me serán más difíciles de evocar, por no tener acceso al lugar donde acontecieron.
Una vez, hace algunos meses, os escribí sobre un árbol en el que jugaba en mi infancia. El año pasado volví a él y me subí.
Entendí entonces que lo que lo había hecho especial durante mi niñez era el hecho de que ahora, en el presente, yo estaba ahí subido; adulto y mirando hacia atrás, sonriendo al niño que fui y dejando que él me sonriera.
El tiempo ocurre todo a la vez, aunque lo percibimos de forma lineal. Esto último es un secreto; olvidadlo.
La cosa es que visitar los lugares que evocan recuerdos es agradable para mí.
Y voy a perder uno de ellos.
La tienda es de dos amigos, allí me he comprado casi todos mis comics; los que me conocéis sabéis que son bastantes.
He tenido muchas charlas interesantes en ese lugar, cuando estudiaba diseño pasaba allí mis almuerzos y, como no, alguna que otra clase.
Allí he conocido a dos de los adultos más interesantes con los que la vida me ha obsequiado.
Durante el año que viví al lado tuve muchas mañanas muertas que utilicé para conversar con Carlos y Vicente. Mis dos libreros, mis dos amigos.
Recuerdo el primer día que estuve allí con Isabel, una chica con la que compartí dos años de este caos que me traigo entre manos, ya sabéis, esta vida.
Ese día fue importante y esa tienda jugó su papel. Quizá otro día os hable de eso.
Recuerdo mis conversaciones, interminables, con Vicente.
Interesantes momentos que brillan con más fuerza, grandes palmeras en un estruendoso castillo de fuegos artificiales. Diálogos que te tocan, que no están vacíos; que cambian cosas dentro de ti.
Y mis dibujos; hay una carpeta llena de dibujos míos allí, algunos muy viejos.
Estoy intentando pasar algo más de tiempo en esa tienda, dentro de poco no podré ir más.
Son los últimos besos, el último adiós, un jodido entierro; como queráis verlo.
Los momentos son muy importantes para mí. Cualquier cosa que me ayude a recordar tiene un especial valor para el tipejo que os escribe estas cosas.
Quiero recordarlo todo, en mi último momento, cuando brille con fuerza, arda y me consuma quiero que todos mis momentos estén conmigo.
Algunos los tenía allí, en esa tienda.
Y, la verdad, ha sido un poco triste tener que ir a recogerlos

18 de agosto de 2003

De paseo, por si me necesitas

Una vez caminé un cielo de besos verdaderos, de labios que amaban con pasión, de tardes llenas de amor y buenos sentimientos.
Sonrisas entre caricias, bromas entre sudores más calidos que los dormitorios del infierno.
Promesas y planes que nunca se cumplirían, llenándome el alma; como si fuesen reales.
No importa el cómo, el dónde ni el cuando, tan sólo importa que caí.
El hielo y el fuego hicieron un pacto en mí; ese es el secreto. Por eso sigo respirando.
Con todo lo aprendido me muevo entre la gente, algunos ven las alas rotas, otros no.
Con la dureza que sólo el haber conocido toda la ternura puede dar toco las vidas que me rodean, escucho, ayudo, triunfo y fracaso.
Algunas cosas se repiten y reacciono por reflejo, con cierta tristeza; di no a ese beso, dile que se ponga la ropa otra vez, sal de la habitación, vete.
Vete solo.
Siempre solo.
No puedo andar otro camino que no sea el mío, esa es mi fuerza y mi debilidad.
Dejando atrás personas sin lucharlas, porque no quieren ser luchadas.
Dejando que la idea equivocada de mí tome mi lugar en mentes que algún día me importaron.
Dejando de luchar guerras que podría ganar, para no ganarlas; para no perder después.
Dejándome sueños sin soñar.
Dejándome solo.
El aplauso no conforta, la admiración de los que sienten que puedo hacerles vibrar, que puedo hacerles reír, que puedo hacerles llorar, que con un micrófono en la mano los llevaré a pasear un rato por su interior, dibujado por el mío, no conforta.
Enorgullece, da ánimo, seguridad, motivos para quemar energía, pero no calor.
El calor sólo sale, ya nunca entra.
Ya no hay soles para mí.
He sufrido y disfrutado dos o tres vidas en media, estoy aquí matando tiempo, pegando un vistazo, de paseo por si me necesitas.
Tú que aún amas, que aún crees, que aún no eres capaz de ver como acabará todo, que aún no estás pasado de vueltas:
Disfruta.
Yo seguiré aquí, viendo dragones donde otros sólo ven nubes.

18 de julio de 2003

Posteando desde Escocia

Aquí el café es horrible.
La taza puede tranquilamente pasar por uno de esos cuencos para la sopa; no es lo mejor del país, sin duda, pero la luz, el color y las gentes compensan el mal café.
Escocia es un sitio bonito, realmente bonito.
Se me acaba el retiro amigos, en un par de días estaré volando hacia mi país, otra vez.
Alejarse, en el tiempo y el espacio, otorga perspectiva sobre muchas cosas, doy fe.
También ayuda un poco el poder abrazarse con antiguos testigos del tiempo, árboles situados en lugares que todavía retienen el poder que en su día los druidas, a fuerza de sacrificios, le dieron.
Conocer personas que, en pocas semanas, pasan a formar parte de tu propia historia, de esas a las que el alma no les cabe en el cuerpo.
Descubrir unas cuantas cosas mas sobre ti, como si no tuvieras suficiente, como si no estuvieras harto de estar harto.
Sentarse en las ruinas, ver como el sol se pone y respirar.
Simplemente respirar.
Voy a echar de menos este jodido sitio; aun estoy aquí y ya lo extraño.
Me estaba acostumbrando a que la gente me diera los buenos días cuando entro a un lugar, a tener conversaciones de las de verdad con personas de verdad en un idioma que no es el mío, en un espacio que no es el mío pero que de ahora en adelante siempre estará conmigo.
Echare de menos a esos jodidos cabroncetes que me han hecho la vida un poco mas difícil, sobre todo los primeros días; mi grupo de adolescentes neuróticos favorito.
Con sus travesuras, sus conversaciones, sus lagrimas y sus secretos me han hecho comprender muchas cosas acerca de los miedos y las esperanzas que todos llevamos dentro.
Quizá hoy me despida del verde.
Me sentare en la hierba, entre los árboles que he aprendido a respetar y les diré adiós.
Les dejare un poco de mi pena, para que no me olviden, y me llevare un poco de la alegría que, sin merecerlo, me han regalado.
Echare de menos este sitio, incluso el café.

31 de mayo de 2003

Para Pablo, esté donde esté

A sus veintipocos era una criatura única, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos; o un poco más.
No había tenido demasiada suerte en el colegio, no se adaptó a hacer lo que le pedían justamente en el momento que se lo pedían y durante el tiempo que se lo pedían.
Me contaba muchas veces como en parvulitos la profesora les dio a todos papeles blancos y cajas de lapiceros.
Él sacó inmediatamente los colores para pintar y la maestra le dijo que los guardara; eso le desconcertó.
Seguidamente la profesora les hizo abrir la caja de colores, el abrió la suya; después les hizo sacar los lápices y él pensó “a pintar tocan, colega” y se puso a la faena.
No quería que pintara, la muy puta, hasta que ella me lo ordenara, me decía.
Te controlan desde niño, tío.
En el instituto no le fue mucho mejor, entre otras cosas porque un tipo aficionado al deporte, que no fuma ni bebe y que es abiertamente contrario a las drogas -quizá incluso demasiado- no puede hacer buenas migas con los bravucones de patio, que haberlos los hay en todas partes, por desgracia.
El hecho de que le saltaran un par de dientes de una pedrada le ayudó a decidir que aquello de la educación no era lo suyo.
Crisis de ansiedad, depresiones, psicólogos, medicación.
Eso fue lo suyo durante algunos años.
Encontró en la música una vía de escape, una forma para cagarse en todo ese mundo de mierda que no le gustaba y que parecía no tenerle demasiada estima a él tampoco.
Así llegó hasta mí.
Gradualmente pasó de ser mi alumno a ser mi amigo.
Sus problemas de salud eran constantes, muchas veces anulaba su clase de canto en el último momento porque una juguetona crisis de ansiedad le había cortado la digestión.
Poco a poco fue compartiendo conmigo sus odios, que eran, en realidad, miedos.
Nunca lo traté como a un enfermo, fui su amigo y discutí con él sus ideas, tratando de que viera otros puntos de vista, haciendo de abogado del diablo en más de una ocasión.
He de decir que me siento particularmente orgulloso de su última etapa.
Sus fases depresivas habían remitido, ya no tenía ansiedad, dormía bien y podía leer.
Eso lo cambió.
Venía frecuentemente a casa a pedirme información sobre algún que otro sistema educativo alternativo, hablábamos de política, de relaciones humanas, de las dependencias emocionales, de la presión en general.
De lo bueno y lo malo de estar en esta casa de locos que llamamos mundo.
Hay momentos que uno se llevará a la tumba; se sabe en cuanto los has vivido.
Yo me llevaré, entre otras cosas, mi última conversación con él.
Recuerdo tenerlo sentado delante de mí, en el bar, con su mirada inquisitiva, un tanto desconfiada, analizando el entorno.
Tony —me dijo— Si nuestros padres han terminado siendo unos infelices, con su dinero, sus trabajos, su sofá y su tele, y todo ese vacío en el alma; si este sistema no funciona, si tenemos guerras, si sólo nos planteamos metas económicas en lugar de metas humanas, si no nos atrevemos a cambiar lo que no funciona porque somos cobardes y cómodos, si esta forma de vivir nos lleva a repetir los mismos errores una y otra vez” ¿por qué seguimos?, ¿por qué nuestros padres insisten en que vivamos según algo que a ellos no les ha servido?, ¿ por qué pensamos, tío, como banqueros?
Recuerdo mi respuesta.
Recuerdo que le dije que no debía angustiarse y que el plan de acción estaba claro.
En primer lugar entender porque no funcionan las cosas, donde están los fallos.
En segundo lugar, en caso de no poder presentar soluciones, hacer un análisis lo más minucioso posible de ellos.
En tercer lugar comunicarlo al mayor número de gente posible.
En cuarto lugar confiar estúpidamente en que la gente, una vez informada y con las demostraciones en la mano de que esto no nos lleva a ningún sitio, haga algo.
Lo estás haciendo bien, le dije, estás mirando al mundo que te rodea con una visión crítica y analítica, estás, pese a todos tus problemas, tratando de cambiar las cosas, de hacer un mundo mejor, aunque sea sobre el papel.
Estás vivo, joder.
Tenía una buena pila de libros de Chomsky para él, alguna buena edición del Tao, un poco de visión ácida de mano de Bierce, alguna sonrisa entre desgracias e inmundicias de mano de Reverte y Nart, visiones hilarantes del amor a cargo de Groucho y Woody, esa feroz mordacidad de Quevedo, esa vida dentro de la no vida de Bukowski, alguna biografía interesante de gente que cambio cosas sin darse cuenta.
Tantos libros que nunca podré dejarle.
Ahora, en su mejor época, con lo peor ya superado, mi buen amigo, mi alumno, la criatura única que compartió sus dudas, sus miedos y sus angustias conmigo, ya no está.
Terminó de escribir su obra, un legado brutalmente extenso de letras, escritos e ideas recopilados durante años y a través de varias fases a las que él mismo puso nombre.
La terminó y saltó por el balcón.
Sin rabia, sin llanto, estando más tranquilo que nunca, me dijo su madre.
Con tantas cosas por hacer, con todo un mundo que cambiar.
No sé donde estás, colega, no sé si hay más allá, mas acá o de que cojones va este rollo de estar vivo.
Me paso mucho tiempo buscando respuestas y la mayoría de ellas sólo plantean más preguntas.
Las cosas no son justas, eso tú y yo lo sabemos.
Este sitio es un poco más jodido sin ti, no sé durante cuanto tiempo te recordaré, pero quiero que sepas que me jode haberte querido tanto, que hayas sido tan especial para mi, haberme sentido tan orgulloso de verte salir del hoyo y no haberlo dicho en voz alta.
Me jode porque te has ido y no he podido darte ese abrazo que esperaba darte cuando llegaras al final del camino.
Me jode porque somos unos miserables, tú, yo y el resto; todos.
Me jode porque no cambiamos y porque vamos a seguir haciendolo así siempre.
Me jode porque tú lo sabías y yo sigo sabiéndolo.
Me jode porque te echo de menos.
Me jode porque todo esto no va a cambiar nada.
Estés donde estés, dales caña.

8 de mayo de 2003

Con ese rostro de cemento armado que da gusto verlo

Yo alucino en colores, amigos.
Ahora nos cuentan que eso del no a la guerra ha sido cosa de los “comunistas”-cuanto tiempo sin escuchar esto-y esos que salieron a la calle por motu propio, sintiéndose indignados porque su gobernante, desoyendo su voz, hacía lo que quería (bueno, lo que quería el de la guerra santa desde la casa blanca), van y se lo creen.
Vamos, que los rojos (diabólicos, con cuernos y que comen bebés, como decían los curas a la gente en tiempos de Franco) han venido a nuestras casas a convencernos para romper la cohesión de esta gran España unida.
Nos justifica el pollo Aznar todo el tinglado con la inclusión como alias de ETA de grupos como Batasuna en la lista internacional de terroristas.
Para que el español vea que algunos viajes valen la pena, nos dice el amigo.
Con ese rostro de cemento armado que da gusto verlo.
Pobres de nosotros, manipulados e ignorantes, que hemos ido contra la decisión de apoyar el ataque descarado, por la jeta y sin pruebas-¿Dónde están esas armas?-que el imperio Americano ha lanzado sobre un enemigo poderosísimo, doce años de embargos y ataques lo hacen a uno la hostia de poderoso, que amenazaba su libertad.
Si es que somos unos desalmados, joder.
Han sido ellos, los rojos, los comunistas, ese mal universal, esos que apoyan las ejecuciones cometidas por Fidel.
(No vamos a decir nada de las ejecuciones de la democracia americana ni de bahía de Guantánamo, ni de todas las guerras montadas por los USA el siglo pasado, no sea que se nos estropee la fiesta de la ironía que nos estamos montando, amigos)
Nosotros, a fin de cuentas, somos tan sólo unas pobres victimas, sin juicio ni cultura -de esto último se está encargando divinamente ese sistema educativo anti-proletariado que a mi personalmente me hace el culo agua- somos tan tontos y nuestros lideres son tan conscientes de ello que en un ejercicio de suprema caridad cristiana, de conciencia histórica, universal, casi divina, de Justicia, así, con mayúscula, deciden por nosotros.
Miedo me da ver como van a operar contra esos que nos han comido el coco, que nos han hecho capaces de indignarnos porque nuestro dirigente haga lo que le salga de las mismísimas pasas arrugadas que esconde en el calzón, esos que han venido todas las noches durante semanas a nuestras casas y nos han obligado, a punta de pistola, a pegar cacerolazos, a gritar desde el balcón que queremos una democracia, esos que nos amenazaron con la muerte si no gritábamos no a la guerra día si y día no en multitudinarias manifestaciones; lo justo ante estos hechos será que incluyan al PSOE y a IU en esa lista de terroristas internacionales, digo yo.
Menos mal que queda gente con criterio, como el pollo Aznar, para devolvernos el sentido común, la vergüenza, el sentido de la realidad y la verdad absoluta e indiscutible que mueve su corazoncito de Español.
Al final, cachondeos aparte, a uno sólo le queda reconocer que lo que dijo aquel infame asalariado de Hitler, ya saben, aquello de que una mentira muchas veces repetida acaba siendo una verdad, es por desgracia una realidad bastante evidente.
Ahora veremos como se nos da en las urnas.
No sé si será por cierto escepticismo genético, pero me da a mí que con el tiempo se demostrará que tenemos justo el tipo de gobernante que nos merecemos.
De esos con los que no sabe uno si reír o llorar.

7 de mayo de 2003

Algo extraño ocurre en los libros de texto cuando un país domina a otro

En el fondo todo es la misma mierda, amigos.
Aquí les dejo una carta que me ha parecido bastante interesante; por su contenido y su remitente.
Se trata de una ciudadana de Estados Unidos que vivió en la Checoslovaquia comunista.
Disfrutenla:
Presidente Bush:
Hace veinte años yo vivía en la Checoslovaquia comunista. Para enterarme de las noticias, mejor que de propaganda y mentiras, solía escuchar La Voz de América, secretamente, en medio de la noche. Ahora soy ciudadana de los Estados Unidos de América y estoy muy orgullosa de ello. Y estoy horrorizada viendo lo que le está pasando a este gran país bajo su liderazgo.
Para enterarme cada día de las noticias, en vez de propaganda y desinformación, escucho la radio independiente y me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que tenga que hacerlo secretamente, en medio de la noche, otra vez. ¿No es irónico, señor Presidente, que esté ahora en América escuchando La Voz de América?
En Checoslovaquia, según lo recuerdo, teníamos libertad de expresión, pero la vida se complicaba mucho después de expresarnos. Por eso, siempre que escucho el eslogan «Quien no está con nosotros está contra nosotros», que ha llegado a ser tan popular en los últimos meses, me dan escalofríos. La implícita y temida continuación de esa cita era «nosotros les trataremos como se merecen».
Con la adopción de la llamada Patriot Act, legislación que se supone nos protege, y ahora con la introducción de la Patriot Act II, veo que nuestras libertades civiles empiezan a esfumarse. Por favor, señor Presidente, demuestre que mis temores son infundados. Porque todo esto me recuerda demasiado al pasado. Aquéllos campos de minas y vallas de alto voltaje estaban también allí para protegernos de los enemigos extranjeros. Tuve mis dudas entonces, igual que las tengo ahora.
Señor Presidente, aprecio y admiro su compromiso religioso, pero, por favor, guárdeselo para usted. La religión tiene un alto potencial para convertir a un ser humano decente en otro mejor. Pero los resultados del fanatismo, y su abuso, están aún demasiado frescos en nuestras memorias. Es posible que esté equivocada, pero realmente pienso que los fanáticos cristianos son tan peligrosos como los (fanáticos) islámicos.
Señor Presidente, por favor, no actúe como si nosotros fuéramos la última generación de seres humanos sobre la Tierra y usted tuviera la autorización de Dios para destruirla. No tengo hijos propios, pero mi preocupación fundamental, y objeto de mi vida, es dejar este planeta habitable para los suyos.
Sinceramente
Jarmila Temelova
PS.- Ahora que la guerra en Iraq está casi acabada, por favor asegúrese de que esta historia no se vuelva a repetir. Algo extraño ocurre en los libros de texto cuando un país domina a otro.

5 de mayo de 2003

Los muy subnormales

Se les ha presentado una pequeña incongruencia moral a los defensores de la libertad.
Me refiero a esos que acusaron a los pacifistas de demagogos, de poco patriotas, de ideólogos baratos, estúpidos y pseudo-idealistas que no han aprendido a lamer botas mientras las tienen en el cuello.
Sintiéndose con ese gesto, parte del pisotón.
Porque resulta que, tachán, esos mismos que bendicen la intervención de Estados Unidos en este saqueo internacional que nos ha dejado el globo hecho unos zorros en muchísimos niveles que se irán apreciando con el paso del tiempo, son muy buena gente en el fondo y están, por supuesto, contra la masacre llevada a cabo por los nazis bajo el mandato de Hitler.
Incluso alguno te cuenta, con ojos llorosos, que su abuelo era polaco y sufrió ese horror en sus propias carnes.
Pero, fíjese usted, ironías del destino, ¡alejop!, el abuelito de Bush tuvo algún que otro problemilla bastante sonado en su época por financiar a los nazis.
Tralarí.
Resulta que la fortuna de la respetable familia viene de eso, de ser, aparte de tejanos, fundamentalistas cristianos, derechistas ultra-conservadores, racistas, abiertamente machistas y aficionados a quemar gente en la silla eléctrica (preferiblemente negros.) simpatizantes de los nazis.
Lo suficientemente simpatizantes como para pagarles la fiesta.
Aquí es donde yo me pego el gustazo y les cierro la boca:
Porque allá por el octubre de 1942 el gobierno ordenó que se confiscara la Unión Ranking Corporation y otras empresas que estaban dando apoyo a los nazis.
Apoyo en este contexto se corresponde con financiación, amigos.
La mayoría de esas empresas tenían como propietario o socio al señor Prescott Bush, abuelito de nuestro querido Bush, ese iluminado defensor de las libertades.
Por otra parte el papá de este entrañable abuelito era un Guerrero de Dios que, paradójicamente, se codeaba con afiliados al partido nacionalsocialista alemán.
Y también tuvo sus más y sus menos por eso.
Samuel Bush se llamaba el angelito.
Vamos, resumiendo el asunto:
Nuestros amigotes, esos que nos critican por poner el grito en el cielo cuando los Estados Unidos de América ponen a la democracia boca abajo y la joden a placer, raca, raca; ellos que tan convencidos se sienten de estar en “el lado del bien” y que con tan poca vergüenza se atreven a indignarse por el uso del sentido común, recurriendo a la burla y a la bravata, la mayoría de veces fuera de sus posibilidades, se encuentran, de repente, con que están apoyando la política imperialista de un tipo cuya fortuna familiar viene de la financiación a los Nazis.
Por no mencionar otra serie de desfalcos y estafas, también documentadas.
Dejado totalmente de lado la copia descarada que el de la santa cruzada está haciendo de más de uno de los movimientos estratégicos de aquel asesino del bigote.
Están nuestro amigotes, como les decía, Apoyando, alardeando y defendiendo al que permitió, con sus dineritos, que media humanidad se las pasara putas.
Es una lástima que los que apoyan al amigo Bush no se puedan refugiar en las acusaciones de demagogia barata, en las amenazas de si tuviera tiempo desmontaría todos tus argumentos o en el simple, estúpido, pero valido para algunas mentes, recurso del eso es mentira, colega; una pena porque, desgraciadamente para ellos, existe amplia documentación y condenas a la familia Bush por estas cuestiones.
De mano de Franklin Delano Roosevelt, por citar sólo a uno de los que le dieron para el pelo a la familia de marras.
Ahora sólo les queda apechugar, cada uno con lo suyo, y aguantar el tipo.
Manteniéndose en su postura antes que reconocer su error, recurriendo a la descalificación personal para tapar esa vergonzosa falta de argumentos, motivos y razones, no vaya a ser que aprendan algo de historia, de justicia, de agravios comparativos y de errores repetidos.
Los muy subnormales.