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26 de diciembre de 2005

Mi tio inexistente es una revista de culto

(Publicado en la V30 Magazine, Valencia )
Podría empezar diciendo, por hacer un juego de palabras, que Dave Eggers tiene un par de huevos.
A mediados de los noventa comenzó a publicarse, en papel, una revista trimestral que atrajo la atención del mundillo literario y que terminó convertida en objeto de culto. Digo en papel porque venía publicándose en la red, como parte de un experimento que consistía, basicamente, en publicar material que se quedaba fuera de las revistas estandar por no encajar en las lineas más conservadoras y tradicionales que imperaban, e imperan, en las publicaciones norteamericanas de amplia difusión.
Los medios eran bastante modestos: Dos personas trabajando, con sus ordenadores, en un apartamento de una sola habitación. Sin embargo esta modestia en lo material se compensó con contenidos de alto voltaje: Todos los autores que en aquel momento estaban definiendo, con sus textos, la vanguardia de la literatura norteamericana encontraron, en aquella revista, un espacio donde darse rienda suelta.
Y lo hicieron.
David Foster Wallace, Jonathan Lethem, George Saunders y Rick Moody, por citar sólo algunos autores, hicieron de aquella revista que jugaba tanto con la forma como con el contenido, su segundo hogar.
La cabeza, y los huevos, detrás de aquel proyecto, pertenecían, y siguen perteneciendo, a Dave Eggers.
Nuestro hombre, no contento con haberse convertido en una de las grandes esperanzas blancas de las letras norteamericanas y en uno de los miembros más jovenes de la Next Generation, fue un poco más allá. Montó un sello editorial propio, una revista hermana (The Believer) que se convirtió en breve, como McSweeney´s, en objeto de culto, y que, a su vez, también poseía un sello dedicado a autores de vanguardia de gran calidad.
Sin casi darse cuenta terminó siendo referencia imprescindible para la contracultura independiente. Incluso la revista Times se rindió a sus pies y le reconoció como uno de los cien hombres más influyentes del planeta.
Desde hace relativamente poco podemos disfrutar, en castellano, de dos recopilatorios de la célebre McSweeney´s.
Es de agradecer, entre tanto código, tanto templario, tanto pilar de la tierra, y tanto pseudoiluminado con aires budistas, encontrarse con antologías de este calibre, con textos tan variados y frescos como los que podemos encontrar en estos dos tomos de casi cuatrocientas páginas cada uno.
Quizá podríamos criticar que la edición, pese a estar cuidada, es bastante convencional. Sobretodo si la comparamos con la revista original, que tiene una maquetación y una forma distinta en cada número. ( Dave Eggers publicó su novela, Ahora sabréis lo que es correr, sin portadas… háganse una idea. )
Actualmente McSweeney´s, con Eggers al frente, se ha convertido en más que una revista. Acaban de enviar veinte profesores de Houston para atender a niños víctimas del Katrina, han publicado entrevistas con hombres que fueron condenados a muerte y exculpados en el último momento gracias a las pruebas de ADN, texto que, no debería hacer falta decirlo, se está convirtiendo en un alegato de cierto peso contra la pena de muerte . Por otra parte los centros 826, financiados con donativos privados, libros benéficos, clases de escritura impartidas por escritores de renombre, y un amplio etcétera, están dando a cientos de jovenes oportunidades que el sistema educativo americano, por llamarlo alguna forma, no contempla.
Como habrá deducido el lector, Eggers y su banda no son gente apolítica e indiferente; hacen todo lo que pueden por crear, desde la originalidad, la creatividad, la innovación y las nuevas formas de hacer cultura, un mundo mejor.
Es por eso, quizá, por lo que podriamos afirmar que flota en gran parte de los relatos, pese a lo experimental, una crítica al status quo.
El activismo como arte, el arte como activismo; léase como se quiera, pero léase.
McSweeney´s empezó como una pequeña broma, de hecho el humor siempre ha sido importante en esta publicación, y, a día de hoy, es toda una referencia a tener en cuenta por aquellos creadores que quieren hacer algo más que llenarse los bolsillos. El nombre surgió de un modo un tanto peculiar: En su casa recibían cartas de un tal Thomas McSweeney, que afirmaba ser miembro de la familia. Al parecer las cartas eran de lo más disparatado y perturbador, por lo que el autor recuerda, así que cuando se puso a darle vueltas a la idea de la revista le pareció una buena opción.
Lo demás, como suele decirse, es historia.
Lo mejor de McSweeney’s Volumen I y II
Reservoir Books
Editorial Mondadori
Links de interés:
Página de McSweeney´s: http://www.mcsweeneys.net/
Página de The Believer: http://www.believermag.com/
Página de 826: http://www.826valencia.org/

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http://www.826la.com/

12 de diciembre de 2005

Presentación sección contracultura para la V30 Magazine

. (Principio de interferencia)
Hola.
Este espacio es para que puedas escribir tu propio saludo, recórtalo y mándanoslo por correo. No te vamos a regalar nada pero será bonito recibirlo.
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Bien.
Ahora que nos hemos saludado, podemos empezar.
Digamos que esto va así: está el mundo, estás tú y está la interpretación que tú haces de éste. Y justo ahí empiezan los problemas.
Si te paras a pensarlo verás que no tenemos contacto con el mundo, sino con la imagen que se nos ofrece del mundo, y esta imagen es incompleta, altamente manipulable y, en muchos casos, falsa.
No es que seas imbécil y no sepas interpretar lo que ves. Lo que ocurre es que las herramientas que utilizas para interpretar están trucadas a favor de la realidad consensuada, del sistema, del poder, del status quo, del llámalo cómo quieras pero llámalo y date cuenta de que está ahí; justo dentro de tu cabeza.
La realidad como infección, como virus.
La Interferencia Cultural, la Guerrilla de la Comunicación, la Resistencia Semiotica, actua desde cualquier medio a su alcance para interferir en el patrón que se te está dando para interpretar el código de «lo real».
Crea momentaneos espacios de probabilidad para la reinterpretación del mensaje dado.
Trata de ser una vacuna, un antivirus.
Hoy día la táctica del poder ya no consiste en ocultar la «verdadera versión», sino en crear tantas versiones como sea posible para, de esta forma, agotar y confundir a aquellos de nosotros que queremos saber qué demonios está ocurriendo.
La gran baza del sistema es su capacidad para institucionalizar cualquier forma de rebeldía. Toda forma de rebelión terminará convertida en moda, tendencia, tópicos desvirtuados y una puta camiseta; pregúntale al Che.
La otra gran baza es que estamos tan acostumbrados a ciertas relaciones de poder que éstas resultan invisibles a nuestros ojos. No puedes romper la cadena que no ves, porque no sabes que está ahí.
En las últimas décadas los medios han dejado de ser el vigilante del poder para convertirse en su herramienta. La verdad ya no importa, todo se reduce a un juego de versiones coherentes con una conveniente imagen dada, y a veces ni eso. Si consigo que la mayoría defienda mi versión tendré razón, la tenga o no. Incluso aunque la defiendan sólo durante un tiempo será suficiente: miento, asusto al ciudadano, invado un país, aniquilo a unos cuantos miles de personas, me quedo con el petroleo y luego digo que mentí, pero que lo hice por el bien del planeta; el mal ya está hecho, y además todo el mundo está viendo el fútbol, así que tampoco importa demasiado.
El Culture Jamming, la Guerrilla de la Comunicación, se funde con el medio; utiliza las formas conocidas, aceptadas, para transmitir el mensaje subversivo. En el mejor de los casos hace visibles las mentiras, las relaciones de poder que existen, y obligan al sentido crítico del individuo a ponerse en funcionamiento.
Es una forma de resistencia rizomática, en continuo movimiento, en continua expansión, en activo en diversas areas; incontrolable. Su estrategia es la no estrategia. En realidad, donde sistemas dogmaticos, religiosos o políticos, afirman, nosotros dudamos.
En esta sección encontrarás herramientas e historias.
Hablaremos de gente que aportó y sigue aportando su granito de arena a que, ahí fuera, haya ideas que contrarrestan, que amplian, que deconstruyen, que enseñan.
Gente un poco más Invisible que Michael Moore, Chuck Palahniuk, y todos aquellos que ya conoces, aunque sea de oidas.
Incluso hablaremos de gente que, sin existir, ha puesto en evidencia a los medios en más de una ocasión. Luther Blisset nuestro, que estás en los cielos, blablabla.
También analizaremos cómo se usa la tergiversación, la reinterpretación, la fragmentación, el lenguaje y muchas otras formas de manipular la información y, sobre todo, tu forma de interpretarla. Hablaremos de cómo las usa el poder, de cómo se han usado contra el poder y de cómo puedes usarlas tú.
Intentaremos que la emisión sea divertida y reirnos un poco de todo, a fin de cuentas todo esto no es importante, así que nos lo tomaremos con humor.
Y, ahora, seguimos con la programación habitual. Gracias por tu atención.
. ( Fin de interferencia )

31 de octubre de 2005

Desnudo ( publicado en antología de relatos Aledaños de la Literatura, editorial Premura. )

Cuando se hubo alejado lo suficiente se desnudó.
La sensación de la tierra, amortiguada por la hierba bajo sus pies, le gustó.
Estaba desnudo, en mitad del bosque, mientras los demás montaban sus tiendas.
Paseaba despacio, erguido, sintiendo su columna, el peso de su cuerpo en el suelo; sintiéndose vivo.
Creo en esto, se dijo, en un ser humano desnudo en el bosque.
Sin ropa, sin clase, sin dinero, sin orgullo, sin ser más ni ser menos, desnudo. Real.
Se agachó a contemplar unas hojas muertas, que crujieron entre sus dedos.
Lo hemos hecho todo mal, nos hemos contado tantas mentiras, hemos puesto nuestra fe en tantas cosas sin sentido. Derrochamos nuestra vida. Somos sombras; nos da miedo existir de verdad.
Crecemos y morimos en junglas de asfalto, creemos en leyes que nosotros hemos inventado como si formasen parte del equilibrio real del mundo.
Vivimos en la mentira de gentes sin corazón que murieron hace siglos.
Matamos a Dios y ahora matamos el cielo y las aguas sin pestañear.
Un pájaro asintió con su canción.
La luz, entre las ramas más altas, parecía escuchar sus pensamientos.
Tan pequeños, con nuestro orgullo, nuestros coches, nuestras casas, nuestros trabajos, nuestras pequeñas aficiones. Perpetuamos un sistema condenado al fracaso, mantenemos las injusticias, nos quejamos y seguimos haciendo girar la rueda.
Una hoja cayó de sus dedos y miró al frente, donde los árboles se perdían.
Nos hemos apartado madre, hemos olvidado que somos tus hijos; hemos dejado que nuestra capacidad para crear cosas nos ciegue, hemos perdido el equilibro.
Pocos sentimos tu pulso en todas las cosas vivas.
Hacemos las cosas del corazón, las que tú nos enseñaste, con la cabeza.
Nunca sale bien.
Matamos todo lo bueno y sobrevive en pequeñas excepciones por las que nos decimos que merece la pena vivir.
No nos atrevemos a salir del callejón sin salida donde nos metimos al apartarnos de tu lado.
Nos hemos vuelto cobardes, madre.
Tocó la corteza de un viejo árbol y pensó en todas las otras manos que, hace siglos, se posaron sobre él.
Alguien declaró su amor aquí, alguien traicionó y alguien fue traicionado, un niño jugó con el compañero que luego fue su enemigo, dos mujeres se sentaron y hablaron del hombre que no las amó, alguien se escondió esperando ser encontrado, una niña de grandes ojos color miel y pelo rojizo. Un hombre soñó un mundo mejor cobijado en esta sombra.
Testigos del tiempo cayendo a centenares. Cada día. En todo el mundo.
No nos importa; sólo de una forma distante y lejana.
Nuestra cabeza, nuestra lógica, nuestra educación, nuestro saber estar ha destrozado nuestra verdadera naturaleza.
Saltó sobre una enorme raíz que sobresalía de la tierra y olisqueó el aire.
Sigo aquí madre, algunos seguimos salvajes.
Sonrió entrecerrando sus ojos.
Vestimos las ropas y hablamos las lenguas pero conservamos la magia del verde.
Olemos el aire, sentimos la necesidad de decirle algo a la luna, abrazamos los árboles, respetamos toda la sabiduría que los necios asesinos que matan nuestro espíritu quemaron en piras de leña y carbón.
La niña de grandes ojos color miel y pelo rojizo, en algún lugar del tiempo, arde en una de ellas.
Sin ser doblegada; sin renunciar.
Sin pecado ni maldad.
Miró hacia el campamento, no lo veía pero podía sentirlo. Las tiendas, los fogones, las mantas, alguna radio, teléfonos.
Hablando sobre dinero, sobre programas de televisión, sobre ropa, sobre otros.
Sonrió.
No somos malos, somos idiotas.
Caminó despacio hacia sus prendas. Se vistió lentamente; tratando de permanecer desnudo con toda esa ropa puesta.
Dejó un beso en su palma, cerrando los ojos, sintiendo un escalofrío desde el corazón hasta la punta de sus pies; por toda la columna. Creciendo mientras lo daba.
Se agachó y dejó ese beso en el suelo que lo sujetaba.
Seguiré siendo tu hijo madre, todo lo que pueda.
Los árboles observaron como se marchaba, despacio, de vuelta al mundo.
Todo caerá, al final, por su propio peso.
En algún lugar, en la otra parte, donde aún es de noche, un lobo aulló a la luna bendiciendo ese último pensamiento.
Las águilas fijaron su vista en presas invisibles con una pasión antigua.
Los peces, abajo del todo, también estuvieron de acuerdo y una enorme ballena sonrió, enigmática, al secreto que compartían.
El sol se escondía para volver a salir.
Siempre ha sido así.

22 de octubre de 2005

Malditos Escritores Malditos

artículo mío publicado en la revista V30 Magazine, Octubre 2005
Malditos Escritores Malditos
«El lenguaje es un virus»
William S. Burroughs
Hay libros que miman ideas que ya tenemos, que refuerzan nuestro Aprendido Sentido De La Realidad”, que, al final, terminan contándonos lo que queremos que nos cuenten.
Libros que nos distraen, sin más.
Y luego están los otros.
Libros que contienen una escritura peligrosa, que hablan de aquello de lo que no queremos hablar, que cubren esa parte del espectro que siempre nos dejamos fuera, por comodidad, por cobardía o por simple costumbre. Libros que pueden aportarnos ideas nuevas, destruir ideas viejas o poner en evidencia mecanismos que nos mantienen por debajo de nuestras posibilidades.
Destaca, entre todos los escritores malditos, la figura de William S. Burroughs.
Heroe contracultural, escritor controvertido, drogadicto, homosexual e ídolo de tres generaciones rebeldes.
Para los Beat de los años cincuenta fue como un padre, y ellos, hijos agradecidos, publicaron sus textos cuando estaba totalmente inmerso en la heroína y su mundo.
Los Hippies y los «Radicales Politizados» de los sesenta y los setenta encontraron en su obra motivos para convertirlo en uno de sus autores favoritos, no sólo por sus experimentos a nivel narrativo, ni por el cut-up, ni por sus alucinadas visiones, sino por el trasfondo político de su obra, donde las corporaciones, los gobiernos y los agentes de la mentira doblegan y dominan los espíritus.
Finalmente los Cyberpunk de los noventa lo adoraron por adelantarse a su tiempo y por sus visiones oscuras sobre la máquina biológica y los sistemas de control total.
Burroughs es uno de los pilares de la contracultura que vino después. Su Yonki se adelantó, y sentó las bases, para que obras como Trainspotting de Irving Welsh fuesen posibles. Sus saltos no lineales en la narración, siempre con temas e imágenes en común, fueron un anticipo de lo que más tarde sería el hipertexto.
No sólo fue pionero en lo literario. Cuando Leary y compañía estaban experimentando con el LSD él ya lo había dejado y se había sumergido en lo más oscuro y profundo de la droga, como un explorador que, tras quince años de adicción a casi todo tipo de sustancias, volvió a contar qué había visto.
No buscó en la heroína otra realidad, una percepción alucinada, sino sumergirse más y más en el mundo que le había tocado vivir, en su parte más oscura y primitiva, y llegar a la base de todo: La dominación; el control.
Para Burroughs la injusticia humana tiene una base biológica, pues venimos de un animal violento, competitivo y brutal. Señaló la droga como el modelo más puro del capitalismo salvaje, la forma de opresión máxima, al contrario que muchos de sus contemporáneos que veían en ella una forma de liberación.
«la droga es la mercancía definitiva. No hace falta hablar para vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para que le vendan. El comerciante no vende su producto al consumidor, vende el consumidor al producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente»
Los libros de Burroughs, dejando de lado lo artístico, pueden ser consultados como manuales para la existencia. Manuales que ayudan a tomar conciencia de los poderes invisibles que actúan sobre nosotros, que nos hablan de cómo luchar contra ellos desde nuestra carne, siempre limitada.
Un escritor maldito, de los que ya no quedan.
Obras recomendadas:
Yonki “ (Para una lectura más lineal)
El Almuerzo Desnudo “ (Para un placentero derrame cerebral.)

10 de octubre de 2005

Las listas

Las listas no servían para eso.
Aunque, parece ser que, a los gerifaltes del pentágono eso se la trae al pairo.
El proyecto original consistía en elaborar listas de jóvenes con notas bajas y con problemas de adaptación para ayudarles a mantener, alcanzar en algunos casos, un mínimo con respecto a sus compañeros.
Una iniciativa pedagógica de cierto interés, por decir algo.
El uso que se está dando a esas listas es el siguiente:
Veteranos de la guerra de Irak, que ya lleva suficiente tiempo en marcha como para que los haya, llaman personalmente a los jóvenes que figuran en ellas. Les convencen de que su país los necesita, de que están llamados a ser los nuevos héroes.
El concepto de Héroe, desde los griegos, ha cambiado bastante.
Se trata de enfocar el reclutamiento a masas sensibles, sensibles por tener un par de cables por ahí arriba que no conectan demasiado bien, gente que busca su sitio y que quizá pueda encontrarlo siendo el próximo Rambo, pero con más amigotes.
Por supuesto las protestas de los comités educativos están cayendo en saco roto. Y los avisos de ciertos senadores republicanos que cada vez encuentran, y señalan, más paralelismos entre el conflicto iraquí y aquella escaramuza de Vietnam, también.
Tal y como está el patio, con Patriot Act de por medio, si se oponen con demasiada dureza a estas medidas del gobierno podrán ser tachados de traidores, malos americanos, y todo eso con lo que se les llena la boca en cuanto alguien señala la cantidad de estupideces en nombre de la nada y el poder que se están llevando a cabo.
Pero eso ya lo sabemos, claro.
Hay quien piensa que la cosa no va con ellos, que todo lo que ocurra allí no tiene nada que ver con el mundo en que viven, el suyo. Entiendo que es agotador, con todas esas versiones de la realidad circulando por ahí fuera, ponerse a desgranar, a vigilar el lenguaje, a ver qué hay detrás de cada una de las cosas que les cuentan; de esa virtualidad, esa imagen que les ponen delante y llaman estado actual de las cosas.
Entiendo que prefieran no valorar ciertas cosas, ser felices, vivir sus propias vidas, paz en el mundo, buen rollo y gran hermano.
El problema, aunque no lo vean, es que están en otra lista.
Sin gente como ellos todo esto no sería posible.
Algún día les llamarán, sí.
A darles las gracias por su sumisión, por su falta de interés, por su mirada dócil, por esos cojones, reales o metafóricos, que tienen.
Por ser buenos ciudadanos de un mundo cada vez más justo e igualitario.
El Puto Paraíso De Los Teletubbies ”
Que bonito todo, joder.

18 de septiembre de 2005

Es tu turno

Está sentado en la terraza del bar, viendo pasar chicas y disfrutando de una cerveza fría.
Entonces lo ve.
Es un tipo extraño, ojos preciosos, mal vestido, lleva un taburete pequeño en la mano. Si apostases todo tu dinero a que lleva meses sin dormir bajo un techo no perderías ni un céntimo.
Se acerca, coge su taburete, lo pone a su lado y se sube encima.
Los dos se miran.
El hombre comienza a hablar:
Chico, estamos forzando la naturaleza del individuo para adaptarla al modelo educativo, en lugar de adaptar éste al individuo.
Es justo aquí donde la línea entre educación y amaestramiento se nos presenta difusa.
Se aclara la voz y sigue.
Naturalizamos los procesos de dominación que son ejercidos sobre nosotros de tal manera que llegan a ser invisibles a nuestros ojos. Es posible que sea una forma de autoprotección; una vez percibidos tendríamos que hacer algo, deberíamos de hacer algo.
Sería inevitable el enfrentamiento, el cambio.
Hace una pausa y mira a su alrededor, el camarero estira el cuello y se dispone a acercarse para echar al filósofo errante. El joven niega con la cabeza. El camarero hace una mueca y sigue con lo suyo, mirando de reojo.
El hombre mira al camarero, luego al chico, sonríe y sigue hablando:
El esclavo, en lugar de aspirar a ser libre, aspira a ser amo; ese es uno de los errores básicos que perpetúa el estado actual de las cosas, de estas insanas relaciones de poder.
Como primer paso sería deseable la aparición de tácticas que localizasen y pusiesen en evidencia los pequeños rituales cotidianos que refuerzan los juegos de dominio.
Esto, hijo mío, nos llevaría a la visibilidad de la sumisión.
Cuando dice esto se agacha un poco, y guiña un ojo de forma exagerada.
Vivimos en estos jodidos recortes de espacio infinito, dice extendiendo sus brazos, mira hacia arriba y verás que el cielo que vemos es interrumpido por los edificios.
Las estructuras que creamos para darnos seguridad limitan nuestra percepción del infinito.
De nuestras posibilidades.
Todo «lo nuestro» nos tapa «lo otro»; limitamos la mirada en busca de seguridad.
Cuanto más estrecha nos dibujan «la realidad», «la verdad», «lo bueno», «lo correcto», más cosas se quedan fuera.
Nos están robando el cielo, niño.
Las voces me han dicho que te lo cuente, yo ya no tengo batería, es tu turno.
Se tira un pedo y baja de la banqueta, apoya una mano sobre la mesa y con la otra le señala.
Las preguntas que debes hacerte, chaval, son:
¿Cómo eliminar protocolos y asaltar contenidos si sólo disponemos de un lenguaje impreciso?
¿Cuánto de nosotros, y de lo que nos rodea, cabe en un sistema de representación dado?
¿Comprender la cadena te hará libre?
Mira a su alrededor, satisfecho, echándose hacia atrás con las dos manos en la panza.
Hay una mancha de grasa en su camiseta, cerca de su ombligo.
Quizá en un contexto amanerado, le dice, predefinido, institucionalizado incluso en sus formas de contracultura, sólo nos quede la honestidad como la más contundente de las herramientas.
¿Es falso lo que miras o tu forma de mirarlo?
Piensa en ello, chico, piensa en ello.
Es tu tarea.
Y se marcha.
El joven se queda mirando cómo se aleja.
El camarero se acerca y se queda parado, bandeja en mano, mirando en la misma dirección.
Menudo tipo, ¿eh?
Increíble, sí. Ponme otra cerveza, por favor.

13 de septiembre de 2005

Fue su elección

Hay un león que no puedes ver a los pies de su cama.
Hay un ángel que no puedes ver a los pies de su cama.
Hay una mujer de blanco que no puedes ver a los pies de su cama.
El león calla.
El ángel calla.
La mujer de blanco habla.
Hay sangre Naphidim en tus venas, conoces los umbrales, llevas aquí más tiempo que ellos, conoces los setenta y dos nombres, entiendes el Sephirot invisible, el círculo te pertenece, la espada te pertenece, ves detrás de todas las mentiras que se dicen a ellos mismos, conoces el curso de las cosas, podrías cambiarlo todo si eligieras intervenir. Incluso en esa patética existencia tuya rehúsas usar tus dones y te haces daño una y otra vez. Te comportas como una humana.
¿Por qué te rebajas?
¿Por qué sigues con esto?
¿Por qué?
La chica se levanta, mueve el ventilador y vuelve a tumbarse.
La mujer de blanco la mira en silencio.
Los labios apretados.
El ceño fruncido.
Elegí esto.
Ni tú, ni el león ni el ángel, podéis cambiarlo. Esta existencia me pertenece a mí, no a vosotros.
Soy todo lo que dices, sí. Pero elegí no serlo.
Sé perderme en las cosas que para ti son pequeñas.
Puedo verlo todo y dejar que ocurra, puedo sembrar de pequeñas advertencias el camino pero, aún así, no intervenir.
He aprendido a ignorar todo lo que sé.
Una vida de verdad.
Una muerte de verdad.
Ese es mi deseo.
Es estúpido que cada vez que estoy triste vengáis a ofrecerme todo aquello a lo que ya renuncié.
Vais a tener que dejarlo, en serio. Algún día tendréis que dejarlo.
Hay un león que no puedes ver a los pies de su cama.
Hay un ángel que no puedes ver a los pies de su cama.
Hay una mujer de blanco, que no puedes ver, a los pies de su cama.
La chica sonríe, abraza su almohada y, después, se duerme.
Pero eso sí puedes verlo.
Fue su elección.

15 de agosto de 2005

Vacío

Los domingos por la mañana no hay demasiada faena, así que hago un par de cosas, pura rutina, atiendo un rato, saco un libro y empiezo a leer.
Cuando quiero darme cuenta tengo un destornillador apuntándome. Detrás del destornillador hay un hombre. Es moreno de piel y pelo, unos cuarenta y algo, casi cincuenta, normal tirando a relleno.
Sus ojos intentan ser firmes. Su voz también.
¿Me das el dinero?
Estoy apoyado en el mostrador, sólo he levantado la cabeza para mirarle. Mi cara está a unos dos palmos del destornillador. Mi mano izquierda sigue sujetando la tapa del libro, mi dedo derecho está sobre la línea que no he terminado.
No, no te doy el dinero.
Termino la línea y vuelvo a mirarle. Cierro el libro. No me aparto.
¿Por qué?, dice.
Me inclino hacia delante para contestarle, el destornillador está más cerca.
Si quisiera, a esa distancia, podría vaciarme un ojo.
Porque es domingo, le digo, porque no hay nadie, porque has elegido muy mal día para atracar y porque no hay nada que llevarse.
Mira si hay algo, me dice.
Sin dejar de mirarle a los ojos le digo que no, que no voy a mirar porque no hay nada.
Entonces miro su destornillador. Después miro por detrás de él, un poco por encima y vuelvo a mirarle.
Y, tío, guárdate eso. Porque la cámaras de seguridad te están grabando y la vas a cagar.
Sin variar su expresión desliza el dedo por el metal y va escondiendo la herramienta muy despacio. Se apoya un poco en el mostrador para disimular.
La punta ya no está hacia mí.
Hay un pequeño momento en el que pienso que algo va mal.
Pero no con él.
Conmigo.
Se supone que tendría que tener miedo, estar asustado, algo, sentir alguna cosa.
En lugar de eso estoy ahí, mirándole.
Por supuesto no tenemos cámaras.
Coge eso, le digo, y vete de aquí.
Abro el libro y le echo un vistazo mientras le digo al tipo que, por mí, no me ha dicho nada, que todo eso no ha pasado, que se marche y que no se busque problemas.
Vuelvo a mirarle y siento algo que, de ser un sentimiento completo, podría parecer lástima.
Hay unas bolsitas, dos, sobre el mostrador. Son las pequeñas pulseras que regalan con las papas. Olvidé tirarlas.
Las mira y me mira.
¿Me puedo llevar esto?
Sí, cógelo y vete de aquí.
Se lo digo como se lo he dicho todo. Sin ningún tipo de inflexión, sin suavidad ni dureza. Sin nada.
Vacío.
Se marcha despacio. Le observo hacerlo. Cojea un poco.
Me levanto, voy al baño y me miro al espejo.
Me quedo mirando mi reflejo, esperando alguna reacción. Algo. Alguna puta cosa.
Nada. Cero.
Vacío.
¿Qué coño pasa contigo?

27 de julio de 2005

Los Demonios de un hombre ( Para Juanma )

Voy a contarte algo que no vas a entender, dijo.
Se llevó el vaso de vino a los labios y bebió. Un trago corto; siempre bebía tragos cortos cuando explicaba algo.
Las únicas cosas que vale la pena contar, dijo, no pueden contarse.
Levantó las cejas y añadió: Esas putillas, las palabras, no sirven para nada; eso es lo que aprendes trabajando con ellas.
Símbolos, las palabras son símbolos, dije yo, sí, ya he notado que algunas cosas no caben en ellas, pero bueno, hay que intentarlo.
Escucha, dijo, se trata de que aprendas a triangular la realidad sabiendo que jamás podrás acercarte a ella. Palabras, palabras; nada. Escribir es intentar lo imposible sabiendo que no vas a lograrlo. Me refiero a escribir de verdad, lo demás es quedarse en la zona segura contando mil veces lo mismo, ya sabes.
Bueno, dije, pero se puede escribir bien. Tú incluso tienes premios. Ya sé que los premios no son un indicador, pero vamos, quiero decir que tus historias llegan, ya me entiendes, se puede hacer bien, conectar, transmitir; contar bien la historia.
Apoyó sus manos en la mesa y se inclinó hacia delante, como para ponerse en pie. Clavó su mirada en mis ojos y dijo: Puta mierda, nada, cero. Soy un campeón de lo imposible, sí, se me ha premiado por fracasar con más elegancia que otros, nada más. Esto es como cualquier otra cosa, no tiene sentido, se lo tienes que dar tú. Aún no se han dado cuenta de que lo único importante es que no importa.
Jodidos capullos.
Dio otro trago y siguió hablando.
Está todo en la mirada, chaval; es aprendida, falsa. Lo único que ves es tu forma de ver. Escribir puede servir, como mucho, para que aprendas sobre ella o, en algunos casos, para trabajar otros prismas. Construyes realidades esperando entender cómo cojones funcionan. Fracasas y vuelves a intentarlo desde otro ángulo.
Crear ficciones, dije yo.
Trocitos de mierda, sí.
Catarsis, pensé en voz alta.
A la mierda la catarsis chaval, gilipolleces. Puedes poner tus demonios sobre papel y mirarles a la cara, pero ¿librarte de ellos? Olvídalo. Además, no es bueno librarse de ellos.
¿Por qué? Pregunté.
Me miró en silencio durante unos instantes.
Porque los demonios de un hombre son el motor que lo mueve, chaval.
Somos criaturas enfermas, niño, tensas; necesitamos sacar fuera toda esa basura extra que genera darnos cuenta de las mil pequeñas cosas que el resto no ve. Nos decimos a nosotros mismos que crear es nuestra elección. Una mierda elección. Toda la puta vida escribiendo sin poder parar. Premios, joder, no tienen ni puta idea. Es como rascarse, ¿entiendes? Escribir es un puto picor que no se puede aliviar, aunque te rasques hasta arrancarte la piel.
Hizo una pausa y observó la botella. Después volvió a mirarme y siguió hablando.
Sólo haces pausas para existir y contarlo después. Cuanto mejor escribas más cuenta te darás de esto: Es imposible reflejar nada, nada es representable, todas esas notas sobre tu existencia ni siquiera son una pálida sombra de ésta. Y aún así, si lo intentas lo suficiente y llegas a fracasar de un modo original te llamaran escritor. Igual hasta te dan un premio como esos que tengo en el baño.
Sonrió con malicia mientras daba un trago a su copa; un trago largo esta vez.
Eres un jodido cínico, dije sonriendo.
Abrió sus brazos, subió los hombros y dijo sonriendo: Denúnciame.
Los dos reímos, pagamos la cuenta y salimos del bar.
Quedaba noche por delante.

19 de mayo de 2005

Hacemos lo que podemos, aunque no sirva de nada

Si voy a los servicios sociales me la quitarán.
Lo dice mirando a la niña, que juega sin saber de qué hablamos.
Se despide diciéndome que espera que la vida me trate mejor que a él. Con la sonrisa más sincera que se puede ofrecer cuando estás al borde.
Estas cosas me nublan los días.
Mientras hablamos recupero fragmentos de memoria, pequeños trozos que no están disponibles todo el tiempo, hasta que alguna imagen, un sonido o un olor, los saca de su escondite y me permite contemplarlos.
Lo que no recordamos forma parte de nosotros y opera en lo invisible.
Recuerdo las burlas, por su tamaño, por su fealdad, por lo fácil que era tomarle el pelo. Más tonto que listo, más feo que guapo, grandullón, con una situación familiar que rozaba lo surrealista. No me daba pena, me caía bien. Me parecía real, con todo lo que ello implica. No me gustaba que los demás se metiesen con él y siempre trataba de compensar.
Pequeños gestos.
Hacemos lo que podemos, aunque no sirva de nada.
Durante estos años he ido viéndolo de vez en cuando. Hola tío, ¿Cómo estás? Tengo un curro de guardabosque, me dan casa y todo. Hola tío, ¿Cómo estás? Dejé aquello, ahora estoy de seguridad, pero pagan fatal, a ver si encuentro algo mejor. Hola tío, ¿Cómo estás? Voy a tener una niña, estoy de baja, me golpearon en un supermercado mientras hacía una guardia y me han jodido los riñones. Hola tío, ¿Cómo estás? Yo estoy sin trabajo, la madre de mi mujer se está muriendo, debo recibos de casi todo, mi vecina se está haciendo cargo de las cosas de la niña y ya me ha dicho que no puede seguir ayudándome.
Ya no voy con la cabeza alta, la llevo agachada, me da vergüenza, tío.
No me dan curro en ningún sitio, mi mujer me ha dicho un par de veces que hará la calle y yo me pongo enfermo de pensarlo, mi hermano sale de la cárcel dentro de nada, el pobre chaval, todo por querer ayudar en casa. Desde que mi padre murió mi familia se ha echado a perder. Esto es una mierda, colega, a veces pienso en matarme pero bueno, está la niña y eso me quita la idea de la cabeza. Joder, si por lo menos pudiese meterme en una buena empresa de vigilancia, ahora quiero sacarme el graduado, ni siquiera lo tengo. Estuve en tres colegios, tío, y dos de ellos especiales. ¿Qué cojones hago yo entre autistas y subnormales? Ya sé que no soy muy listo pero, coño, tampoco es para eso. Leo libros, a ti te gustaba leer, me acuerdo, me he leído los tres de Alejandro Magno, están guay. No sé qué hacer.
Miro a la niña y la niña me mira a mí con ese juicio por formar con el que sólo los niños saben mirar.
Es preciosa. Ajena a toda la miseria que le rodea.
No puedo evitar preguntarme hasta cuándo.
Hablo con él y le doy algunas ideas, sitios a los que acudir a buscar trabajo, pienso en gente a la que llamar.
Hago lo que puedo, aunque no sirva de nada.
Nos despedimos y un regusto amargo me llena por dentro. Hago un par de llamadas a amigos que puedan saber de algo, les pido que me tengan informado, memorizo un par de ideas nuevas que me dan y me las guardo para la próxima vez que lo vea.
Y en casa, cuando me tumbo y miro al techo, algo se agita, incómodo, dentro de mí.
Al final me quedo dormido, con la niña observándome desde mi memoria mientras su padre la mira en silencio.