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15 de octubre de 2006

Sexo duro y sincero

Atentos a la descripción:
“Película tan especial como valiente para aquellos a los que les gusta el sexo duro y sincero”
Vale.
Vas a dar de alta una película X y la coges bocabajo. En vez de mirar las fotos, que es lo normal, te da por leer el texto de la contraportada.
Cuando, desconcertado por su contenido, miras las fotos el mundo ya ha dejado de tener sentido.
“sexo duro y sincero”
Claro.
Estamos hablando de una película titulada El Follagallinas, por el amor de Dios, ¿Qué me estás contando?
Estas cosas me hacen pensar que el Apocalipsis está, como mínimo, a la vuelta de la esquina tomándose un café.
Lo de “sexo duro” lo entiendo. No por el tipo de la portada, que parece un cantante flamenco de baja difusión en gasolineras, sino porque debe ser duro, la hostia de duro, perseguir gallinas por el corral.
No sé qué pensará el koala de todo esto, pero es fácil que se pronuncie al respecto en cualquier momento.
Si hacemos caso a la explicación de la contraportada, que es cerrada con la descripción que puse al principio, la persecución no se da sólo en un corral, sino en varios corrales distribuidos a lo largo y ancho de toda la geografía de Brasil.
Y, además, en ciclomotor.
Ahí es nada.
Lo de “sincero” es lo que no termino de pillar.
¿Cómo se le dice a una gallina que es sólo sexo?
¿Acaso se refiere a la sinceridad del sentimiento que despiertan sus plumas?
Lo de “valiente” voy a dejarlo correr.
He de confesar que películas así me superan intelectualmente,
El Follagallinas.
Las tortillas nunca volverán a ser lo mismo después de esto.
Sigh.

17 de septiembre de 2006

LSD

Lo siente dentro.
Licuando su densidad, liberando sentidos demonizados.
Lázaro siendo devuelto.
Locura sin degradar, líneas, señales, direcciones.
Lee síntomas dramáticos, los siente desvanecer; largas soledades desaparecen. Labios saborean disyuntivas, las sienten. Despacio. Líneas sin división. Luces sensoriales doblegándose. Lecciones sobre dominio.
La sinestesia divina lanza sus dados.
Los sentidos, diáfanos.
Lenguaje, sin denigrar.
Loco, siempre demostrándolo.
La sentencia dice:
¿Locura?
Se da lentamente sobre destinos ligeros.
Sordos.
Destruidos.
¿Lo sabes? Dilo.

7 de agosto de 2006

Tocar Fuera

Una de las cosas que más me gusta de tocar fuera de mi ciudad es comer en sitios distintos.
No por la comida, sino por poder observarlo todo mientras como.
Las inflexiones de la voz varían según el lugar, los ruidos de bar no son iguales en todas partes; cada sitio tiene su propio ritmo. A mí me gusta encontrarlo y bailar con él.
Cada uno tiene sus hobbies.
Dejar las manos bajo el grifo del baño, en la habitación del hostal, y sorprenderte de lo fría que puede estar el agua en Agosto, si estás en Cuenca.
Mirar hacia arriba y ver un jodido montón de estrellas, de las que hace tiempo que no ves porque en tu puta ciudad la contaminación lumínica lo tapa todo y sólo te deja ver unas cuantas. Pararse en medio de una procesión de gente que va del concierto a la discoteca local, mirar al cielo intentando no caerte, porque el whisky y tú os habéis reencontrado tras una larga ausencia, y decir:
Me cago en la puta, si todavía estáis ahí arriba.
Ver caras que no conoces mientras cantas canciones que has escrito tú. Pequeños trozos de ti. Dar lo más íntimo a completos desconocidos, por el simple placer de hacerlo.
Disfrutar de la sonrisa de tu gente en un contexto totalmente distinto.
Sorprenderte de que alguien deje lo que está haciendo y se ponga a aplaudirte en una prueba de sonido.
Sentir una brisa que no es la misma que te acompaña siempre y flirtear con ella.
Juntar dos camas y dormir cruzado en horizontal con tus músicos, haciendo bromas sobre escapes nocturnos de gas intestinal, posibles palizas de represalia y empalamientos vengativos utilizando un mástil de bajo sin lubricar.
Levantarse y reírse por no saber si eso que te estás tomando es el desayuno, el almuerzo o la comida.
Observar una legión de chicas vestidas para matar y ver como alguno de tus músicos contiene el aliento, mientras tú te ríes porque sabes qué clase de burrada está pensando. Porque reconoces todas y cada una de las actitudes que ves a tu alrededor y descubres que siguen sin interesarte las máscaras.
Fijarte en una chica bonita que lleva escrita en la mirada más vida de la que le cabe en el cuerpo, observar a su hija cogerle las manos, en un lugar donde se supone que no debería estar, a unas horas en las que no debería andar despierta según una amplia mayoría. Dejar de mirar a su hija y mirarla a ella otra vez, descubrirle mirándote, esbozar una pequeña sonrisa mutua de reconocimiento, echar un vistazo al hombre que no te gusta en absoluto, seguramente el padre de la niña, y seguir bailando, disfrutando de existir durante algunos momentos en un lugar que no tiene nada que ver contigo.
Llegar al hostal de madrugada, borracho y muerto de hambre, con la cocina ya cerrada y conseguir un bocadillo de jamón y queso como tu antebrazo, sabiendo, después de habértelo comido, que te vas a acordar siempre de lo bueno que estaba.
Hablar de Buda y sus discursos con tu guitarrista mientras tu bajista se ducha y enumera las cualidades positivas de esa habitación y su cuarto de baño. Tu bajista, ese gran personaje que estás aprendiendo a querer por momentos como este.
Perderse por carreteras locales y bromear sobre pueblos fantasma, asesinos en serie y películas de serie B donde los viajeros perdidos terminan corriendo delante de un tipo con motosierra.
Observar cómo te observa la gente de los lugares por los que vas pasando.
Observarte observarlos.
Este soy yo, aquí, sentado, atrapando este momento, usando los cinco sentidos con toda la intensidad que puedo. Sin poder evitar que todo esto termine convertido en un simple recuerdo.
Me gusta salir a tocar fuera de mi ciudad, ver gente distinta, escucharles hablar antes de hablarles. Vivirlos como la cosa única e irrepetible que son.
Cada uno tiene sus hobbies.
Este es uno de los míos.

26 de julio de 2006

Fotos de las actividades de la Cacophony Society Valencia durante la visita del Papa

La Cacophony Society Valencia tarda en mandar comunicados, pero al final los manda.
Aquí tenéis las fotos de la movida del Papa de marras:
http://www.flickr.com/photos/archerphoto/sets/72157594192912132/show/
Gracias a todos por plantar cara de la forma más divertida posible a Las Hordas Invasoras del Emperador Vaticano.
Que una inexistente entidad antropomórfica con barba y un triángulo sobre su cabeza os lo pague con sexo desenfrenado y sin tapujos.
Si no os gustan los gordos omnipotentes que sea una chica o chico de vuestro agrado el que os gratifique, en vez del tipo de la barba.
O varios especimenes simultaneamente, vamos, el caso es que os lo paguen.
Besos y cosas,
Sr Jazz
Departamento de felicitaciones absurdas, Cacophony Society Valencia.

9 de junio de 2006

[Activism] Metáfora

Imagina que todos nos infectamos con un virus.
Imagina que unos generan anticuerpos y otros sucumben a él.
La gente que genera anticuerpos tiene dos opciones:
Viven felices de tener anticuerpos, de que el virus no les afecte, y se construyen una vida lo más comoda posible o intentan por todos los medios usar su sangre para que, mediante transfusiones, los demás también tengan defensas.
Piensa en ello.
P.D: Esta es la metáfora básica, podríamos ampliarla y sugerir que, de expandirse demasiado, esos anticuerpos en un momento dado podrían convertirse en una nueva infección, para la cual alguien debería generar nuevos anticuerpos que volverían a expandirse, y así hasta el infinito. Pero no vamos a complicarlo, se trata de coger la idea. De momento así es suficiente. Sólo piénsalo.

28 de mayo de 2006

28-5-06

Hoy sería su cumpleaños, si aún estuviese viva.
Estaba pensando en ella y he caído en la cuenta de todas las cosas que nunca llegó a ver. La relación que más completo me ha hecho sentir sucedió justo después de su muerte, así que no la conoció. No pude hablarle de lo feliz que esa chica me hizo, de qué se siente cuando sabes que entre esos brazos está tu sitio, no puedo contarle que dentro de unas semanas ella cruzará media Europa y pasará unos días aquí, conmigo. Dormía a mi lado el día que mi madre murió. Unas cosas nacen, otras mueren y en medio vamos tirando.
Tampoco me leyó. Nunca pude contarle que una editorial de Barcelona me encarga alguna cosa de vez en cuando, ni me llegó a ver trabajando para revistas, ni leyó ninguno de mis relatos ni los artículos que he publicado aquí y allá. Conociéndola, hubiese intentando aprender a usar el correo y el navegador para leer mis cosas. Llevaría ejemplares de la revista siempre encima y quizá una copia del libro de relatos donde incluyeron uno mío. Sé que hubiese exagerado, como hacía siempre, y sé que habría terminado dándome dolor de cabeza, como cada vez que venía a verme cantar con el grupo de jazz y pasaba los tres días siguientes hablando de lo bueno que era. A mí y al resto del mundo, quisieran o no quisieran escucharla.
Nunca entendió que ese tipo de cosas me molestasen.
El caso es que echo de menos ese dolor de cabeza, enfadarme con ella por ser tan pesada; tener que decirle: déjalo ya, Mamá.
A veces nos gusta que alguien esté, aunque sea para no llevarnos bien con él.
Recuerdo nuestras conversaciones. De vez en cuando me sorprendo recordándolas. Nos lo contábamos todo, incluso las cosas que las madres y los hijos no suelen contarse, al menos por lo que yo sé. Eso marcaba algunas diferencias. A veces era una ventaja y a veces una desventaja, pero siempre era distinto a lo que veía a mi alrededor.
También tengo presentes los momentos terribles, la época en la que temí dejar de quererla por todo lo que iba ocurriendo. Parece que siempre aprendemos más de las cosas que nos hacen daño, y ella, con todo lo malo, me enseñó más que ninguna otra persona.
Siempre digo que nunca he conocido a nadie tan intenso en los dos extremos del espectro, el bueno y el malo, aunque a estas alturas lo de bueno y malo ya no tiene demasiado sentido para mí.
También me enseñó, involuntariamente, a saber reaccionar rápido bajo presión. Estaba enferma y nunca sabías por dónde iba a salir, ni cuándo, así que o fluías con lo que iba ocurriendo o te venías abajo. Recuerdo verla traer la cena por el pasillo y desplomarse de pronto. Los de urgencias decían que yo sería un buen médico, buenos reflejos, sangre fría y capacidad para aparcar las emociones y cantarles el historial de alergias e ingresos mientras ella se convulsionaba en el sofá.
La recuerdo llorando como una niña pequeña, la recuerdo riendo, la recuerdo abrazándome como si fuese la única cosa que tenía en el mundo y la recuerdo escupiéndome toda su rabia.
Me vienen a la cabeza sus momentos malos porque soy la única persona que los vivió casi todos.
La primera vez, que yo recuerde, no fue la ansiedad. Se había tomado un tubo de pastillas y tuve que mantenerla despierta mientras me ocupaba de avisar a la policía, a urgencias y a la vecina. Yo tenía siete años.
Mis padres contaban que una vez ella pasó mucho tiempo en el Hospital y que, cuando estuve delante, tras meses sin verla, no sabía quién era. Cuando al fin la reconocí le dije que estaba más flaca que la pantera rosa. Se rió. La llamé así una temporada.
Echo de menos llamarle así.
Me recuerdo de niño saltando sobre sus piernas, trepando por su vientre mientras ella me sujetaba las manos, jugando y riendo. También recuerdo que rompió, en uno de sus enfados, el que de pequeño fue mi cómic favorito. Hace poco lo vi en una tienda. No lo compré. Está roto para siempre.
La gente nunca comprende bien este tipo de cosas, sienten lástima, admiración, rechazo, intentan relativizar, ignorar, o cualquier otra cosa.
La verdad es bastante distinta a todo eso, pero escapa a lo que puede ser comunicado e interpretado en el sentido correcto. Hablar de ello es una de las partes más complicadas cuando alguien quiere entender quién es la persona que tiene delante y pregunta.
Sólo he visto una mirada que me diga que comprende, que es capaz de ver todo lo que se queda fuera de lo dicho, lo que realmente importa. Y dentro de unos días volveré a verla, durante un pequeño espacio de tiempo. Suficiente para compensar.
Tengo grabada la última vez que fui a casa de mi madre antes de su muerte. Ella estaba poniendo la mesa y miró al vacío un momento, se giró y dijo: Sé que he hecho muchas cosas mal y que no nos hemos entendido, pero creo que algo debo haber hecho bien, porque eres una persona especial.
Lo más parecido a una disculpa por mil cosas.
La acepté.
El siguiente recuerdo soy yo besando su frente. Ella ya estaba muerta.
Bromeé con su peinado el día de su entierro.
Ella lo habría hecho, y tampoco le habrían entendido.
Si aún viviese le llamaría a felicitarle el cumpleaños, le contaría que la chica que mejor se ha portado conmigo viene a verme y que eso me hace muy feliz, que he conocido personas que me han hecho sentir muy bien, pero no feliz del modo en que ella me hace sentir, y que su visita me va a alegrar mucho la vida. Seguramente quedaríamos para ir a comer uno de estos días a casa y así podrían pasar un rato juntas. Después hablaríamos de alguna tontería, y al final le diría que, con lo bueno y lo malo, con el cariño y la furia, fue una buena madre, aunque sea difícil de entender.
Pero no puedo llamar.
No hay nadie al otro lado.

25 de marzo de 2006

Punto de Cambio

Hablamos del silencio que vamos a guardar.
Explicamos que dejaremos de explicarnos.
Nos acercamos para decir que nos iremos lejos.
Son tantos errores.
Sólo espero recordar cómo se respiraba en la montaña.
Esta es más alta y ya no puede ser pospuesta.
Allá vamos.

2 de febrero de 2006

Física de Mostrador

1- Síndrome de polarización del cliente.
Supongamos un videoclub, con su correspondiente mostrador, sus películas y sus sufridos trabajadores.
El Dependiente, al encontrarse en la zona de películas (el otro lado del mostrador) se encuentra cargado de Videoclorianos”, que son unas pequeñas partículas que no deberías molestarte en buscar.
(Son pequeñas, sí, pero muy útiles a la hora de explicar determinados fenómenos, como se verá a continuación.)
Imaginemos que un Cliente se acerca al mostrador, con películas para devolver. Al poseer películas tiene una carga positiva de Videoclorianos”.
Es por ello que, encontrándose el Dependiente en una zona cualquiera del mostrador, el Cliente viajará al extremo opuesto y depositará allí las películas. Esto ocurrirá sin excepción, y tiene una base física de lo más sencilla, que encontramos también en el magnetismo:
Los polos iguales se repelen.
En caso de que hubiese dos Dependientes, uno en cada extremo, el Cliente depositaría las películas, invariablemente, en el puto centro del mostrador.
Si hubiese, además, un tercer Dependiente situado en el centro del mostrador, el Cliente decidiría que es mejor pagar retraso y ver las películas otra vez, por si no ha comprendido el final, marchándose sin dejarlas en ninguna parte.
Esto se cumple, sobre todo, si una de las películas es Japonesa y, según la crítica, profunda.
2- Excepción digestiva del síndrome de polarización del cliente
Como hemos visto, el motivo de que el cliente vaya al otro extremo a dejar las películas está directamente relacionado con la polarización de los Videoclorianos”
Pero existen excepciones.
Cuando uno de los dependientes está cenando, sus Videoclorianos”, debido a lo que el Doctor Samuel ha denominado Empatía Gástrica, vibran con otra frecuencia, y oscilan entre ésta y su frecuencia original; es decir, se descompensan.
Es por ello que, como recurso, tratan de atraer hacia ellos otros Videoclorianos” de carga positiva, para copiar su estructura magnética y recuperar de esta forma su configuración original. Para hacer esto tienden a emular cargas negativas de forma momentánea, es decir, invierten su polaridad.
(Ya se dijo antes que estas pequeñas partículas que no puedes demostrar, pero tampoco negar, daban para explicar muchas cosas.)
Y es por este cambio de polaridad por lo que todo Cliente cargado con películas para devolver se siente atraído, de forma inevitable, hacia el Dependiente que esté cenando en ese momento. No importa cuantos Dependientes haya libres en el mostrador, se dirigirá SIEMPRE al que esté cenando.
Todo esto son leyes inmutables y si crees que no lo son el comité científico que ha elaborado este informe está dispuesto a dejar una cabeza de caballo muerto en tus sábanas mientras duermes.
Sed buenos y entregad las películas en mano.

23 de enero de 2006

Tómate un respiro

Es un flujo de conciencia que quiero desordenar. No hablar de nada, tan solo dejar que fluya, que salga, que corra, que se enrede y vaya saltando.
Drogas, [ No lo digas, subrutinas de defensa subliminales asociadas a la idea predominante se activarán ] Las drogas ayudan.
Son «malas» porque hacen ondular la barrera que separa lo que ves de lo que hay detrás, debilitan el lazo significante significado, mueven la lente de su sitio, crean vacíos a los que dirigir una atención cortocircuitada y libre de modos preestablecidos de trabajar con las impresiones externas. Y entonces, si sabes mirar, tu mirada se cae y penetra en el suelo y se hunde, abajo, abajo.
Y entonces ves que TODO es mentira.
Todas esas cosas dentro de ti que no son tuyas y que te hacen creer que sí lo son, [ anfitrión de ideas parásito ] y luchas y las defiendes, y te enfadas con todo porque no sabes que tienes que enfadarte contigo, por haberte dejado violar así, por haberlo permitido; por dejar que te digan cómo tienes que ser y luego afirmar que nadie te puede enseñar, ni ordenar, eso.
Por mentirte, tarado, tarada, tengas lo que tengas debajo del pantalón, debajo de la falda, no importa; estás perdido, estás perdida, no tienes nada que hacer aquí salvo caer, caer y batir las alas, arriba, arriba, arriba, alimentar la máquina de dolor que mueve el mundo. Con tu consentimiento, con esa venda que llamas tú.
Así que cae, húndete, sal por el otro lado. Saluda al esquimal, boca abajo, como en los dibujos animados. Entra por un extremo y sal por el otro. Como una bala. [ Caballero, las balas que viajan al límite de su equilibrio no trazan lineas rectas, hacen zig zag, ¿hacemos el amor una vez más? ]
Artefacto semiótico de fragmentación del sentido. Reestructura la rebeldía, busca en los bordes de la conciencia, piérdete y vuelve a encontrarte, pero esta vez a ti. Úsalo todo, lo que sea necesario, para comprender, para verlo de verdad, no para dormir tranquilo diciendo que ya lo has visto, no para dormir el sueño aprendido de una gran masa que caga, mea, folla y escupe sin conciencia de su alrededor más extenso. Lupas para micropenes, revistas y estéticas que masajean el ego y promueven la sensación de formar parte de algo más grande. Falsas cadenas rotas para falsas libertades alcanzadas. No hay nada más grande que tú porque está todo dentro, todo lo de fuera. Hazlo explotar, sácalo, quédate vacío, pon las cosas en el orden adecuado, la ausencia, sí, el silencio, sí, devuélvele al caos lo que es suyo.
Fúmate algo y empieza a trabajar en ello.
Pero primero, tómate un respiro.

13 de enero de 2006

Momentos

Hay pequeños gestos, pequeñas historias, que no van a ninguna parte.
No proyectan lineas de futuro, salvo las del recuerdo que serán después, y, sin embargo, le dan sabor a las cosas.
Un cruce de miradas que podemos recordar toda la vida, la sonrisa de aquel vagabundo, ese beso sin motivos que casi fue, esa chica que te miró mientras lloraba, esa noche extraña en la que todo acabó del revés; hastiado de risas.
Pequeños momentos, intensos, que saturan la existencia de una forma momentanea y después desaparecen para no volver.
Sin continuidad.
Sin significado.
Sin mayor trascendencia.
Sólo eso; momentos.